'Me llamo Adou', la conmovedora historia que hay detrás del niño de la maleta

Nicolás Castellano junto a Alí Ouattara

La historia del niño que llegó a la frontera de Ceuta con Marruecos dentro de una maleta rosa sirve como fondo de denuncia a la arbitrariedad de las leyes de Extranjería.

El periodista Nicolás Castellano ha presentado este miércoles su segundo libro, 'Me llamo Adou' (Planeta), que cuenta la historia del niño cuya imagen en posición fetal metido en una maleta en la frontera de Ceuta con Marruecos dio la vuelta al mundo, en un suceso que evidencia, según el autor, "la violencia legislativa" a la que se somete a los inmigrantes establecidos en España.

 

"La primera reflexión para mi es que la imagen del escáner, que es la que más recordamos, no es sólo la de un niño o una especie de muñeco en posición fetal en una frontera, es la imagen de la violencia legislativa a la que sometemos a miles de familias que simple y llanamente quieren reunirse con sus hijos", ha explicado en rueda de prensa en Madrid acompañado del padre de Adou, Alí Ouattara.

 

El suceso tuvo lugar el 7 de mayo de 2005 en el puesto fronterizo de El Tarajal, donde el escáner devolvió la imagen de un niño oculto en la maleta rosa que portaba una joven camino de Ceuta. Al abrirla, el chico dijo que se llamaba Adou y procedía de Costa de Marfil. Tenía 8 años. Horas después un hombre de raza negra y con permiso de residencia en España cruzó por el mismo punto. Un agente le preguntó si tenía un hijo y acabó detenido por inmigración ilegal.

 

Castellano cuenta en el libro toda la historia que había detrás, la de un hombre que para salvar su vida huyó del conflicto en Costa de Marfil y tras llegar en patera a Canarias en 2005, se estableció legalmente y con un sueldo fijo y un piso comenzó a reagrupar a sus familiares. "Pensaba que después traería a mi familia y tendría un trabajo y viviría tranquilo. Casi lo consigo", ha comentado Ouattara.

 

Primero llegaron su mujer y su hija, pero cuando le tocó el turno al hijo pequeño, que aún no habían nacido cuando él tuvo que partir, el Gobierno le negó el permiso porque cobraba 56 euros menos al mes de lo que fijaban los requisitos, aunque como después recordaría la Defensora del Pueblo, la legislación dice que en caso de menores de edad, esta cantidad puede minorarse.

 

Tres recursos infructuosos después y la muerte de la abuela que cuidaba de Adou en Costa de Marfil volvieron la situación insostenible. Alí Ouattara pagó 5.000 euros a una gente que prometió enviar al niño en un avión a Madrid y que acabó dejándole a su suerte en Marruecos. Allí, una segunda promesa, cruzaría legalmente subido en un coche de lujo con un hombre "de contactos".

 

Él asegura que no supo de la maleta hasta que ya había ocurrido. Su mujer lo vio por televisión, no supo a ciencia cierta hasta un día después, y por los periodistas que se pusieron en contacto con ella, que el niño estaba vivo. Esa organización que "les engañó, les acabó dando el susto de su vida", según ha dicho Castellano.

 

"CUMPLÍAN TODAS LAS CONDICIONES"

 

"Si despojáramos de la nacionalidad o del apellido a estos padres que querían reunirse con su hijo seguramente entenderíamos perfectamente los motivos que les llevaron a confiar en una organización a la que pagaron 5.000 euros no porque ellos quisieran traer al hijo más rápido, sino porque la legislación española no le permitía reagrupar a su hijos, a pesar de que cumplían todas las condiciones", ha destacado el periodista.

 

Ouattara cuenta que, de hecho, los agentes de frontera a quienes explicó la situación --aquel día él llevaba encima desde la documentación de Abou hasta las resoluciones de la Delegación del Gobierno-- pasaron en seguida de tratarle como un traficante a empatizar con su situación.

 

No obstante, acabó en prisión y allí estuvo 30 días, dice "sin ninguna información". No sabía si su hijo estaba vivo ni con quién o en qué condiciones. "Tampoco sabía cómo haría mi mujer para pagar los recibos", ha apuntado.

 

"CASI JUNTOS"

 

Castellano ha explicado que "el mismo gobierno" que denegó la reagrupación familiar de Adou, concedió "en 14 días, un tiempo récord", el permiso de residencia al niño. Al poco de aquello, la madre se trasladó con él y su hermana a Francia, donde ahora residen, porque son francófonos y ante "la incertidumbre de la situación judicial" de Ouattara, necesitaban recursos para sostenerse. Además, Adou, identificado por el impacto mediático del suceso, quería "dejar de ser el niño de la maleta".

 

Aún no hay fecha de juicio y Alí Ouattara se lamenta de lo cerca y lo lejos a la vez que está de conseguir su objetivo de que toda la familia esté reunida, una meta con la que partió de Costa de Marfil hace ya 17 años. El fiscal pidió 3 años de cárcel en 2015 si él se declaraba culpable, pero se negó y no ha vuelto a tener noticias. Perdió su empleo en Canarias y acabó mudándose a Bilbao, donde ahora reside y donde espera pueda algún día vivir junto a él su familia.

 

"Ahora estamos casi juntos. Creo que lo vamos a conseguir. El niño está desarrollándose muy bien, jugando al fútbol, estudiando. Él sabía lo que quería aunque era muy pequeño, estar con su madre", ha señalado el padre de Adou. Castellano añade que de hecho, el niño, "que ha sabido procesar de forma muy inteligente esta historia", se pregunta por qué no entienden algo tan sencillo los políticos en Europa.

 

Sin embargo, conforme recuerda el periodista, "cada año hay unas cien mil reclamaciones de reagrupación familiar en nuestro país y un alto porcentaje de denegaciones". "En estos tiempos en que el relato intenta hacer creer que hay que tomar medidas para restringir la llegada de la gente, debemos reflexionar sobre si seguimos tragándonos ese discurso o apelamos a los nombres, los apellidos y las historias familiares que tienen motivos iguales que los nuestros para desplazarse", ha sentenciado.

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