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CEO Digital

Andrés Macario
Blog sobre transformación digital de Andrés Macario

Todos digitales, pero unos más que otros

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Dos amigos se encontraban en la sabana africana, sin cobertura, descansando bajo la sombra de un arbusto cuando, a lo lejos, vislumbraron un león. Cuando uno de ellos se disponía a salir corriendo, vio como el otro empezó a ponerse sus zapatillas Asics, atándoselas con esmero...

El primero, alarmado a la par que extrañado, le preguntó por qué se entretenía en calzarse si el león le alcanzaría igual con zapatillas que sin ellas, a lo que el individuo, con una calma inexplicable, le replicó: "Como llevamos mucho tiempo siendo amigos y he disfrutado de tu amistad todos estos años, te lo diré: en estos casos de patente peligro lo importante no es correr mucho; lo vital, y perdona que lo exprese así –dijo al tiempo que se ponía en pie-, ¡es correr más que el otro!".

 

Este fotograma de un viejo chiste me vino a la mente y casi no podía quitármelo de la cabeza cuando empecé a leer sobre desigualdad digital: ¿quién se beneficia de internet?, ¿a quién se comerán los leones? La digitalización tiene una característica que comparte con el felino del chiste: la velocidad. La velocidad marca una pauta. En la era en la que se desdibujan las fronteras de los países, de lo físico y lo virtual, de las industrias y los campos de conocimiento, la velocidad marca un umbral mínimo por debajo del cual se queda fuera del progreso social. Es la exclusión de los lentos que, como siempre, suelen coincidir con los pobres, los analfabetos, pero también –y esto es nuevo- con los mayores y los jóvenes poco preparados. Se discute –y queda en el terreno de la opinión- si la revolución digital destruirá más empleos de los que crea. Hay quien argumenta que se distinguirá por la calidad de los empleos que crea (léase, al rápido, el que calza Asics). ¿Será la digitalización el nuevo depredador?

 

¿La digitalización puede comerse el estado del bienestar?

 

Una de las características del estado del bienestar que hemos conquistado es la universalización de los servicios. Cualquier ciudadano puede beneficiarse de la educación, la sanidad, los servicios públicos y determinadas prestaciones con el único requisito de acudir al lugar adecuado –so pena de tener que recorrer varias ventanillas- y coger turno o esperar la preceptiva cola. Pero en el mundo digital esto no funciona así. ¿La digitalización aumenta la igualdad de oportunidades o la desigualdad? Si tenemos que responder que depende de en quién pensemos, es un mal comienzo para hablar de igualdad. La lectura de algunos datos de un informe de vulnerabilidad social de Cruz Roja en España de finales del pasado año me dejó pensando: el 60% de las personas atendidas por Cruz Roja no accede nunca a internet, siendo mayor el porcentaje en el caso de las mujeres; la mayoría no tienen ordenador aunque todos tienen televisión y casi todos un móvil; pero no lo usan para acceder a internet.

 

La digitalización facilita el acceso a muchos beneficios sociales pero, a la vez, implica que se restrinja el acceso por los canales físicos. La desigualdad no afecta únicamente a los marginados o desprotegidos socialmente. El león digital puede llegar a comerse a personas pertenecientes a estamentos sociales que hasta ahora habían estado perfectamente integradas. Aunque la accesibilidad a internet es casi universal, cosa bien distinta es el beneficio que se obtiene del uso de internet, que depende de las habilidades digitales. Chatear, poner un mensaje en las redes sociales o hacer una consulta en un buscador es algo que podemos circunscribir al espacio de las habilidades digitales básicas. Postularse para un puesto de trabajo en internet, tejer una red virtual de contactos profesionales o realizar un trámite online con la administración, lo calificaría de nivel medio. Manejar herramientas digitales para agilizar los procesos de un negocio, mejorar la eficiencia o aumentar la productividad, entran de lleno en las habilidades digitales avanzadas. Según los informes de la Comisión Europea, en España podemos presumir de habilidades básicas pero no tanto de las avanzadas.

 

Mayores, jóvenes… y mujeres, ¿la desigualdad silente?

 

Los mayores se sienten torpes cuando tienen que manejar determinadas aplicaciones digitales, son conscientes del deterioro de sus capacidades y sufren “ansiedad digital”, según un informe de Funcas. ¡Qué triste!, llegar a una edad con suficiente salud, superadas las tribulaciones laborales, y tener que afrontar un nuevo tipo de estrés. No podemos dejar a los mayores fuera de la sociedad digital, no sólo por el respeto que les debemos, sino porque es un segmento de población con mucho peso, en número y en términos económicos, y lo será mucho más en las próximas décadas. El riesgo de descuelgue digital también afecta a los jóvenes, ya sean millennials, de la generación “Z” o de lo que esté por venir. Aunque les vemos todo el día enganchados al móvil y les etiquetamos como “nativos digitales”, estamos contemplando sólo la capa superficial de sus habilidades tecnológicas. En el terreno profesional tienen que formarse de acuerdo a la nueva economía y cuentan con la desventaja de partir del desconocimiento de las bases de lo que conocemos como economía real.

 

El género es, cómo no, otro filón con el que se ceban los depredadores. La brecha digital amenaza con ahondar la brecha de género. Las mujeres se encuentran en desventaja frente a la tecnología, a tenor del informe de Funcas, más por causas culturales y educativas que genéticas. La cuestión es que de niñas sienten menor atracción por las aplicaciones tecnológicas –y por los juegos, en concreto- lo que se traduce en menor conexión con la tecnología digital. El resultado es que en España sólo el 13% de los estudiantes de tecnologías de la información son mujeres, que llegan a ocupar sólo el 15% de los empleos tecnológicos, con datos de Eurostat. Según el informe citado, las diferencias de género son más palpables cuando se trata de habilidades digitales complejas: precisamente aquéllas necesarias para obtener un beneficio del uso de la tecnología.

 

¿Un mundo de unos y ceros o de carne y hueso?

 

Y yo me pregunto: cuando se diseña un elemento que se apoya predominantemente en la tecnología –pongamos un coche autónomo-, ¿sólo importan las habilidades tecnológicas? ¿No tendrían que predominar aquellas capacidades que permitan hacer la tecnología más amable para las personas? Quiero que decir que, en un mundo donde los ordenadores permiten procesar algoritmos mucho más rápido que las personas, ¿no deberíamos contar con ingenieros menos técnicos y más avezados en humanidades o en cuestiones emocionales? ¿Podemos borrar la perspectiva femenina de una tecnología que está llamada a sustentar un nuevo mundo de libertades y derechos? ¿Podemos prescindir de una parte importante de los mayores en un país donde serán el grupo demográfico predominante, según la ONU? Falta un gran paso para que la revolución industrial marque una nueva era de prosperidad. Falta un gran paso para que podamos hablar de madurez en la digitalización de nuestra sociedad. Ese paso es que consigamos poner la tecnología al servicio de la persona, ¡no al contrario! Y es que, si me permite el lector que termine, como empecé, con una broma: el ser humano está llamado a someter al resto de las especies, al león y, por supuesto, ¡al smartphone! Un pequeño paso de la tecnología, un gran paso para la humanidad…

 

SOBRE EL AUTOR

 

Andrés Macario Gañán es el director general de Vacolba, partner de negocio orientado a la venta en el entorno digital. La clave de su éxito es el foco en resultados, la excelencia en el desempeño y la flexibilidad en la implementación. Ofrece una solución llave en mano, acercándose al usuario final a través de profesionales especialistas en ventas de calidad.

 

Vacolba nació para ayudar a las empresas a impulsar sus ventas en el nuevo entorno digital y se ha consolidado como partner de importantes marcas como Movistar, Vodafone, Adeslas, Sanitas y Tyco.

 

Andrés está muy presente en el mundo digital a través de su blog andresmacario.com y su cuenta en Twitter @andresmacariog donde ofrece consejos para la transformación digital de las organizaciones y pautas para ser CEO digital. Además escribe en blogs como CEO digital en Tribuna, ‘Con Tu Negocio’, ‘TICs y Formación’ o ‘PuroMarketing’.

 

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