De frente y por derecho

De frente y por derecho

Por Iluminado Prieto

El hornazo charro, elemento aglutinante de los valores de la Unión Europea


Ya ha pasado un año, ¡quién lo diría! Volvemos a Santander, a La Magdalena, "El Tribunal de Justicia de la UE como garante de una Unión de Derecho". La experiencia de los ponentes garantiza la excelencia. Entre las ponencias una, "El artículo 2 del Tratado de la Unión Europea como norma jurídica y la posición de los valores en el ordenamiento de la Unión".

El artículo 49[1] del Tratado de la Unión condiciona la entrada de los Estados europeos a la Unión Europea al respeto y al compromiso de promover los valores recogidos en ese artículo 2. Y esos condicionantes tienen su aquel, pues, "el respeto de estos valores constituye un requisito previo para la adhesión a la Unión de cualquier Estado europeo que solicite ingresar en ella, Unión que se compone así de Estados que se han adherido libre y voluntariamente a dichos valores y han adquirido el compromiso continuo de promoverlos" (C-769/22, p. 521)  y "En efecto, el respeto de estos valores no puede reducirse a una obligación que un Estado candidato está obligado a cumplir para adherirse a la Unión y de la que puede exonerarse tras su adhesión." ((C-769/22, p. 523), por tanto, en consecuencia "El artículo 2 TUE no constituye, por consiguiente, una mera enunciación de orientaciones o de intenciones de naturaleza política, sino que contiene valores que forman parte de la propia identidad de la Unión como ordenamiento jurídico común, valores que se concretan en principios que comportan obligaciones jurídicamente vinculantes para los Estados miembros." (C-204/21, p. 67).

Nos dice ese artículo 2 del Tratado de la Unión Europea, "La Unión se fundamenta en los valores de respeto de la dignidad humana, libertad, democracia, igualdad, Estado de Derecho y respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías. Estos valores son comunes a los Estados miembros en una sociedad caracterizada por el pluralismo, la no discriminación, la tolerancia, la justicia, la solidaridad y la igualdad entre mujeres y hombres."

Valores: (i) respeto de la dignidad humana; (ii) libertad; (iii) democracia; (iv) igualdad; (v) Estado de Derecho; (vi) respeto de los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías.

Caracteres de la sociedad: (i) pluralismo; (ii) no discriminación; (iii) tolerancia; (iv) justicia; (v) solidaridad; (vi) igualdad entre hombres y mujeres.

 Y al respecto de estos valores la Carta de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea en "Sus artículos 1, 6, 7, 10, 11, 20, 21 y 23 precisan el alcance de los valores de la dignidad humana, de la libertad, de la igualdad, del respeto de los derechos humanos, de la no discriminación y de la igualdad entre mujeres y hombres, consagrados en el artículo 2 TUE" (C-769/22, p. 526) y, "los valores consagrados en el citado artículo 2 tienen, por sí mismos, carácter jurídicamente vinculante, del que se deriva la obligación de los Estados miembros y de las instituciones de la Unión de respetar dichos valores y de mantenerlos y promoverlos." (C-769/22, p. 526).

Y el caso es que todo lo anterior, nos dice el Tribunal de Justicia de la Unión Europea es aplicable en toda la Unión, y por tanto en España. Que esos valores, que esos caracteres, han de ser respetados por nuestras instituciones, por nuestras autoridades, y en su caso, por la ciudadanía. Y así llegamos a lo que de verdad importa, al hornazo.

¡Qué cosas dicen en Luxemburgo! Respetar y promover valores, pues bien, aquí, en Salamanca, esos valores son cosa consuetudinaria desde la época del Rey Felipe II. Dicen las crónicas  que este hombre vino a nuestra ciudad, en noviembre de 1543, a casarse con la portuguesa doña María Manuela, ciudad que desde 1218 se caracteriza por su Universidad, es decir por la mezcla del saber de los mayores y, las ganas de jolgorio de los jóvenes; así en 1526 un tal Francisco de Vitoria, dominico, llega a Salamanca, en esos tiempos bulle no sé qué ambiente intelectual, que si una Escuela de Salamanca, que si inventaron el Derecho Internacional; pero hacía ya tiempo que un tal Rojas, de nombre Fernando, había dejado por nuestras calles a una tal Celestina, mujer de amplios recursos, aviso de lo que tendría que venir, un ciego y su Lazarillo, en una ciudad, dicen, que con cerca de siete mil estudiantes. Que, por lo visto, la ciudad era un putiferio. Y el Rey, pacato, por decreto, decidió la expulsión temporal de las mujeres de vida alegre por la Cuaresma, así, el miércoles de ceniza todas ellas a la otra orilla del Tormes, pudiendo regresar el lunes siguiente al de Pascua. La tentación de la carne. Y mire usted por donde, la tentación de la carne hizo que los unos y las otras, madres, hermanas, novias, quizás para evitar la caída en el pecado, tomaron por costumbre el ir a buscarlas, a esperarlas en la ribera del rio, a este lado del Tormes, pues según la tradición, haciendo caso omiso al Puente Romano que hacía tiempo estaba allí, regresaban en barca. Y quizás se evitaría la tentación de los unos; pero unos y otras cayeron en otra tentación, también con carne, o carnes y otras cosas, el hornazo.

Erasmus, o jóvenes estudiantes universitarios en Salamanca. Cada cual, de su país, ciudadanos europeos, todos y cada uno de ellos y de ellas, esa tarde, el Lunes de Aguas, se mezclan con nosotros, y en las orillas del Tormes, entre pecho y espalda, damos, dan, buena cuenta de las viandas, del hornazo. Que ¿qué es el hornazo? A aprender, a Salamanca.

Lo cierto y verdad es que esa tarde, esos valores de hoy de la Unión Europea, dignidad, libertad, igualdad, respeto, tolerancia, …, todos juntos y revueltos, se encarnan en los salmantinos y en los de fuera, en los estudiantes europeos, y todos juntos y revueltos caemos en la tentación de la carne y nos trajinamos el hornazo. Juerga y zapateta, todos uno, unidos, ven canta, sueña cantando, vive soñando un nuevo son, que esta tarde todos somos hermanos; que, seguro que cuando Schiller escribió la "Oda a la alegría", cuando Beethoven ya sordo compuso su Novena Sinfonía, tenían en mente aquella vida salmantina, la Salamanca que enhechizaba la voluntad y, hacía volver a ella, a quienes de la apacibilidad de su vivienda habían gustado.

Los de Luxemburgo dicen hoy, muy finamente, lo que aquí se viene viviendo y diciendo desde aquellos tiempos del Rey pacato, pues poco antes de la llegada del Rey, aquel año llegó a Salamanca el agustino Fray Luis de León, el que nos enseñó lo del ¡decíamos ayer!, que quinientos años son nada y en lo de ayer entra eso del Derecho Internacional, eso de los Derechos Humanos de aquellos hombres, de aquella Escuela, hoy evolucionado.  

Volvemos a Santander, a La Magdalena, "El Tribunal de Justicia de la UE como garante de una Unión de Derecho". No sé si lo de Francisco Vitoria y la Escuela de Salamanca les convencerá, les haga pensar que ya otros, aquí pensaron; no sé yo. Quizás lo de los valores y lo del Erasmus en Salamanca no les convenza; pero no hay problema, llevamos unos hornazos y, sin duda, por los ojos y el estómago, poco unamuniano esto, con ellos les venceremos, pues en torno al hornazo se aglutinarán los pensamientos en esos valores europeos. (Disculpe, estimado lector, estimada lectora, las imprecisiones históricas y los tópicos).

 

[1] TUE, art. 49, "Cualquier Estado europeo que respete los valores mencionados en el artículo 2 y se comprometa a promoverlos podrá solicitar el ingreso como miembro en la Unión. [...]".