Traumas y leyendas urbanas de la República
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Pedro Santa Brígida
Periodista

Traumas y leyendas urbanas de la República

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El blog del periodista Pedro Santa Brígida

No tenemos remedio los españoles, siempre a la gresca, revisando la historia, añorando ideales que no existen y tan sólo son leyendas urbanas. Hace 90 años se proclamó la II República en España y aquello acabó como el Rosario de la Aurora, con un millón de muertos tras una cruenta guerra civil, que a día de hoy sigue consumiendo las energías estratégicas de los partidos políticos que ocupan la izquierda ideológica.

 

Hubo un golpe de Estado, una dictadura, encarcelamientos, silencio, dolor... Llegó de nuevo la democracia y los españoles decidimos mirar hacia adelante, superar las heridas, convivir. Sin embargo, unos cuantos profesionales de la política actual (todo empezó con el inefable Rodríguez Zapatero) no permiten que lo superemos, se empeñan en idealizar aquellos tiempos, en los que compatriotas se mataban por simple ideología o por canallas envidias disfradas de idearios.

 

La primera República española no duró ni dos años (1873-1874) y también acabó en enfrentamiento militar y tragedias humanas. En esos tiempos, Otto von Bismark, artífice de la unificación alemana y una de las figuras clave de las relaciones internacionales durante la segunda mitad del siglo XIX, llegó a decir que "lo increible de España es que con una clase política tan inepta, todavía existe como país".

 

Podemos discutir si en España hay más partidarios de la Monarquía o de la República o qué régimen político sería mejor para los ciudadanos o si habría que hacer un referéndum al respecto. Lo que no debemos hacer, en ningún caso, es falsear la realidad, la historia y los hechos. La ideología no exime de contrastar libros, documentos o testimonios reales con el fin de encontrar lo más parecido a la verdad, que como todos sabemos no existe.

 

La II República promovió dos logros indiscutibles, trascendentales: el voto de la mujer y la educación universal y obligatoria para todos (en la práctica sólo hasta los 12 años). Salvando algunas excepciones en asuntos menores, en el resto la gestión política fue un auténtico desastre, incluso criminal. Los permitidos, cuando no impulsados, desmanes de elementos extremistas -principalmente militantes animonárquicos, anarquistas y sindicalistas- convirtieron España en el salvaje Oeste, en un sálvese quien pueda. Quienes no comulgaban con los ideales del momento, eran señalados, amenazados, perseguidos o asesinados, como los judios en Alemania años más tarde.

 

La II República también demostró como el ansia de poder provocaba que compañeros de partido o de sindicato se apuñalaran dialécticamente (a veces, con navajas o pistolas de verdad) por ocupar cargos de relevancia, escaños o las correspondientes prebendas asociadas. Fueron tiempos lúgubres para una sociedad medio analfabeta, en la que había demasiada gente que pasaba hambre... Sí, hambre, asunto que la ahora añorada II República fue incapaz, ya no de atajar, sino simplemente de acometer.

 

La sociedad española, que se ganó el actual bienestar social gracias al trabajo, los sinsabores y la tolerancia de quienes superaron aquella trágica década de los años Treinta, tiene todavía hoy la obligación de dar digna sepultura a quienes fueron vilmente asesinados en cunetas, hoyos o esquinas de cementerios. Lo demás es pura demagogia para ganar votos y alimentar egos. Y llenar carteras.

 

Decía Valle Inclán que "a Alfonso XIII no lo echaron por ser rey, sino por ser ladrón". Con su exilio, comenzó la II República que tanta melancolía provoca entre algunos universitarios (particularmente de determinadas facultades), profesionales que se autoconsideran progres y políticos de mediana edad que viven muy bien de ello, pero también entre un montón de indocumentados que ni siquera ha leído un libro sobre el tema en su vida.

 

Rechazo el frentismo al que nos quieren someter los políticos extremistas, estoy harto del guerracivilismo revisionista y de que nos vendan milongas ideológicas, bajo el paragüas de una burda propaganda de marketing panfletario. Los gobernantes tienen la responsabilidad de acabar con la pandemia Covid, eliminar el paro, mejorar la sanidad, la educación, apoyar a los emprendedores, de no dejar a nadie atrás y tantas otras cosas. Lo demás es todo un cuento que, por desgracia, compran numerosos ciudadanos.

 

Bismark también dijo que "la nación más fuerte del mundo es sin duda España, siempre intentando autodestruirse y nunca lo ha conseguido; el día que dejen de intentarlo, volverán a ser la vanguardia del mundo". Claro que habrá quien defienda que era un facha... Menos milongas y más gestión.

Comentarios

P 15/04/2021 17:20 #5
Atónito me quedo al ver el 14-A comunistas españoles blandiendo banderas republicanas y las fotos de Lenin y Stalin. El neocomunismo está hoy en Corea del Norte y Venezuela. Así les va. Hasta los rusos renunciaron a un sistema social y político que no funciona ni en la teoría porque en el fondo es clasista e imposible porque con solo el aparato del Estado no se genera riqueza para cubrir las necesidades del pueblo. Los chinos han inventado el comunismo capitalista, pero allí no hay libertad de pensamiento, ni democracia
Álvaro 15/04/2021 11:23 #4
Es lo que ocurre por tener a ciertos ineptos en la clase política, más preocupados de reformar chalets en Galapagar y ocultar facturas que de sacar adelante un país. Gran artículo Pedro.
Cuaresma 15/04/2021 10:39 #3
Acertado resumen, la república nunca fue la panacea que nos venden y es verídico que la monarquía cayó por la incompetencia y el abuso de aquel nefasto rey
Félix 15/04/2021 10:04 #2
Excelente reflexión en un artículo muy oportuno. Enhorabuena, Pedro!
A 15/04/2021 07:19 #1
Gracias Pedro. Me ha gustado mucho tu artículo. Casi todo lo que escribes me gusta.

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