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Recetas para educar

Juan Carlos López
Entusiasmo por la educación y por la vida

Gritos de hijo

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El post de Juan Carlos López en Tribuna de Valladolid

-¡¡Mamá, papá! ¡¡Déjame ser niño! 

-¿Y eso qué es, hijo mío?

-Déjame jugar, déjame elegir, déjame mancharme, déjame jugar en el suelo, sin horarios, en mi casa o en la calle, déjame equivocarme, déjame aburrirme ¡quiero permisos, no prohibiciones! Ponme limites, pero no me agobies. Déjame ser niño, y de paso déjame ser feliz.

 

Cuando John Lennon iba a la escuela su maestra le preguntó “¿Qué quieres ser de mayor? “

A lo que John le respondió: “-Quiero ser feliz”. La maestra le dijo: - “No has entendido la pregunta” a lo que John le contestó:- “Perdone profesora, Ud. no ha entendido la vida”.

 

Pues sí, hay hijos que nos gritan en silencio. Nos gritan con su cara, con su dolor, con su tristeza, con sus miedos, con sus enfermedades. Freud nos hablaba de “neurosis de conversión” que se trataba de enfermar por causas emocionales. Hoy las consultas de psicólogos están llenas de niños y adolescentes cuando antes las llenaban los adultos. ¿Qué estamos haciendo? Y sobre todo ¿qué estamos haciendo mal?

 

Nos gritan cuando les planificamos vidas de locos, pensando en nosotros, para que no nos molesten, o cuando les preparamos actividades pensando en su futuro e hipotecando su presente.

Cuando les hacemos “inversiones” que no nos han pedido, y les pedimos que tengan una actitud que amortice la misma. (Tantas y tantas clases extracurriculares que no les gustan, y sin sentido)

Si nos parece larga la jornada de ocho horas a los adultos, ¿por qué a los niños les hacemos jornadas de 9 y 10 horas? Y, si alguien piensa que exagero, ¡Echad cuentas!

 

Nos gritan cuando les mandamos prematuramente al extranjero, cuando lo que realmente necesitan a esa edad es una seguridad familiar. ¡Es una locura que un niño antes de los 16 años vaya al extranjero! Lo que ganará en inglés lo perderá en amor familiar y luego lo gastarán en psicólogos en su adultez, o antes.

Es terrible escuchar los testimonios de muchos hijos de aristócratas y adinerados que en su infancia y adolescencia se han sentido abandonados a pesar de estudiar en los mejores colegios de élite del extranjero; cómo han sido incapaces de mantener relaciones sanas y estables y cómo han necesitado años de psicoterapia para reequilibrar sus vidas.

 

Cuando le decimos a un niño que no nos defraude... ¿Pero es que han venido a este mundo a defraudar o a vivir? ¿Por qué nos defraudan? ¿por salirse del patrón que les hemos marcado y a veces encorsetado?

 

Muchos de estos niños son “buenos chicos” de los que no dan problema, de los que no quieren incomodar a sus padres, niños dóciles, sumisos, complacientes, que si me mandan madrugar más de la cuenta, pues madrugo, que si me tengo que poner unos esquíes, aunque lo odie, me los pongo. Y Los padres abusan de esta bondad. Recuerdo cuando un buen hombre que  iba a pescar, “por prescripción” y le repreguntaban ¿te gusta? Y él respondía: “como dicen que así me divierto…”. Son niños que aguantan el dolor, para que sus padres no lo noten.

Nos gritan cuando les presionamos con las notas escolares, y cuando no consiguen nuestros objetivos. Y a veces ese grito viene en forma de mentira para que no nos duela.

 

En psicoterapia hablamos de las NALI, Necesidades Arcaicas Legitimas Insatisfechas. Sí, son esas necesidades de la infancia que nos las merecíamos, que las necesitábamos, pero no se nos dieron. Son necesidades que nos las tienen que dar nuestros padres, y si no, las buscaremos... ¿quién sabe donde?

 

Los que tiene suerte se rebelan, en cambio los pobres que tiene muy asumido su impulsor de “complace”, pues aguantan hasta que de mayor le salta esa enfermedad psicosomática cuyo virus fue la presión paternal.

 

Los padres debemos controlar muy mucho los “impulsores”, que de manera no verbal o verbal solemos “meter a nuestros “hijos y condicionarán su personalidad futura. Estos son: complace ( los demás siempre primero), esfuérzate, date prisa ( hay que hacer las cosas rápido), sé perfecto, se fuerte ( ser débiles es de cobardes), sé perfecto ( no se puede fallar).

 

Cuando en un verano están más tiempo fuera de casa que con nosotros, nos gritan “te echo de menos”, pero tranquilo si no me quieres a tu lado, mañana lo haré yo. Y cuando me quieras a tu lado, estaré lejos. No por venganza, sencillamente por educación, o por lealtad familiar, sencillamente así me lo enseñaste.

 

Cuando “nos griten”, abrazarlo, quiérelo, y párate a reflexionar.  Y si es necesario, recula. No intentemos “hacerlos duros” antes de tiempo, que la vida seguro que ya les dará unos cuantos reveses por si sola.

 

Es muy importante parar, pues la vida nos dará un sartenazo si no lo hacemos. Y preguntar qué tal estás, mirar a la cara a nuestros hijos. Leer su cara. Hoy tenemos muchos niños tristes, muchos que son carne de depresión.

Los niños necesitan sentir amor, que se lo digamos y que se lo hagamos sentir. Para los niños el amor es tan importante como la comida, no necesitan tanto buena comida como buena compañía, y qué mejor compañía que unos padres cariñosos.

 

No le digas a tu hijo que te haga sentir orgulloso, pídele que se sienta orgulloso de si mismo.

Cuando veo en el fútbol padres que gritan a sus hijos, y les exigen como deportistas profesionales, ganan un “energúmeno segundo entrenador” pero pierden un padre.

 

La vida de nuestros hijos les pertenece a ellos, y su infancia también, no se la robemos. No convirtamos a nuestros hijos en artículos de lujo para lucirlos en sociedad.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

SOY PACO

 

Mi padre quiso hacer de mí

una reproducción suya.

 

Mi madre prefería que

fuera igual que mi abuelo.

 

Mi maestro quería que

yo fuera mi hermano.

 

Y mi hermano le gustaba

que fuera fuerte como

su amigo…

 

Todos y cada uno querían

hacerme otro.

 

Hasta que un día decidí

que yo no quería parecerme

a nadie.

 

 Salí de casa, me fui

junto a una tapia y escribí:

 

“Sabed que YO SOY PACO”

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