carta del director

Castilla y León entra en campaña con las cartas ya sobre la mesa

A apenas cuatro días del inicio oficial de la campaña electoral del 27 de febrero, el tablero político en Castilla y León aparece ya prácticamente configurado. No hay margen para grandes sorpresas estratégicas: los programas están cerrados, los mensajes afinados y las posiciones ideológicas claramente delimitadas. Lo que comienza ahora no es tanto la construcción de propuestas como la disputa por el relato.

El presidente de la Junta y candidato del Partido Popular, Alfonso Fernández Mañueco, ha escenificado esta semana el cierre de su programa electoral con una doble intervención significativa: primero en el Foro Nueva Economía de Madrid y, al día siguiente, en León. Dos escenarios, dos públicos y un mismo objetivo: proyectar solvencia institucional, estabilidad y continuidad de gestión. La elección de estos foros no es casual. En el caso del ámbito nacional, se busca reforzar su perfil como referente autonómico del PP; en el territorial, consolidar su liderazgo interno en una Comunidad donde el voto moderado sigue siendo decisivo.

Ese mismo foro acogió semanas atrás la intervención del candidato socialista, Carlos Martínez, evidenciando que la precampaña real lleva meses en marcha, aunque formalmente aún no se hubiera activado el calendario electoral. La estrategia del PSOE ha girado en torno a la reconstrucción orgánica y a la búsqueda de un discurso alternativo al eje estabilidad-gobernabilidad que explota el PP, con un énfasis creciente en los servicios públicos, la despoblación y la cohesión territorial.

En paralelo, el clima preelectoral se ha visto acompañado por la difusión de sondeos como el publicado por el Centro de Investigaciones Sociológicas y ya incorporado al debate político. Más allá de la literalidad de los datos, las encuestas apuntan a una tendencia que se viene consolidando: la expectativa de crecimiento electoral de VOX y el mantenimiento del liderazgo del Partido Popular en el bloque de centro-derecha. Esta proyección, de confirmarse en las urnas, dibuja un escenario donde la aritmética parlamentaria volvería a situar la gobernabilidad en la lógica de alianzas ya conocidas.

La campaña, por tanto, se perfila intensa y polarizada, no tanto por la incertidumbre sobre quién ganará las elecciones, sino por el alcance de las mayorías y el margen de maniobra posterior. En este contexto, el eje discursivo girará previsiblemente en torno a tres vectores: estabilidad frente a cambio, gestión frente a alternativa y modelo territorial frente a promesas de renovación política.

Castilla y León entra así en una campaña donde "todas las cartas están sobre la mesa", pero donde aún queda por decidir lo esencial: la movilización del electorado y la capacidad de cada formación para ampliar su base más allá de su voto fiel. La experiencia reciente demuestra que, en esta comunidad, las elecciones no se ganan solo en el debate ideológico, sino en la percepción de solvencia y en la credibilidad de los liderazgos.

Con los programas cerrados, las encuestas publicadas y las alianzas implícitas ya asumidas en el debate público, el verdadero pulso electoral comenzará ahora. Y lo hará en un clima donde la gobernabilidad futura aparece, más que como una incógnita, como una cuestión de equilibrio entre bloques y de intensidad del voto. En definitiva, una campaña que no parte de cero, sino de posiciones ya definidas y de expectativas que convierten cada acto, cada mensaje y cada décima demoscópica en un elemento decisivo del relato político de las próximas semanas.