La misión de la NASA completa diez días clave para el futuro de la exploración espacial y sienta las bases para el regreso a la superficie lunar
Artemis II culmina con éxito y devuelve a astronautas a la órbita lunar tras más de 50 años
La misión de la NASA completa diez días clave para el futuro de la exploración espacial y sienta las bases para el regreso a la superficie lunar
La misión Artemis II concluyó este viernes con un amerizaje exitoso de la cápsula Orión en el océano Pacífico, frente a la costa de California, poniendo fin a una expedición de diez días que marca un antes y un después en la exploración espacial tripulada. Se trata del primer vuelo humano en la órbita lunar desde 1972, un hito que refuerza los planes internacionales para el regreso sostenido a la Luna.
La nave, impulsada por el potente cohete SLS, despegó el pasado 1 de abril desde Cabo Cañaveral sin contratiempos y completó su recorrido con condiciones favorables tanto en la ida como en el regreso. Tras la reentrada, los cuatro astronautas fueron recuperados por equipos de rescate y trasladados para evaluaciones médicas rutinarias.
Más allá de su relevancia tecnológica, Artemis II destacó por la composición de su tripulación. A bordo viajaron la primera mujer en orbitar la Luna, Christina Koch; el primer astronauta afroamericano en lograrlo, Victor Glover; y el canadiense Jeremy Hansen, primer no estadounidense en participar en una misión lunar de la NASA, junto al comandante Reid Wiseman.
Durante la travesía, la misión superó registros históricos al alcanzar una distancia máxima de 406.771 kilómetros respecto a la Tierra, por encima de lo logrado por el Apolo 13 en 1970. Asimismo, se pusieron a prueba por primera vez sistemas de soporte vital humano en condiciones reales más allá de la órbita terrestre.
Uno de los momentos técnicos más relevantes se produjo al sobrevolar la cara oculta de la Luna, cuando la tripulación experimentó un apagón de comunicaciones de unos 40 minutos, una fase prevista que permitió validar procedimientos críticos para futuras misiones.

Un regreso exigente validado con éxito
La fase de reentrada representó uno de los mayores desafíos de la misión. La cápsula Orión soportó temperaturas de hasta 2.760 grados centígrados y velocidades cercanas a los 40.000 kilómetros por hora, en una prueba clave para el escudo térmico, que se utilizaba por primera vez con tripulación a bordo.
La desaceleración alcanzó picos de hasta cuatro veces la gravedad terrestre, dentro de los parámetros previstos, confirmando la fiabilidad de los sistemas diseñados para futuras misiones tripuladas.
Los datos recogidos durante el vuelo -incluyendo registros técnicos, observaciones y material gráfico- serán ahora analizados por la NASA para definir los siguientes pasos del programa Artemis. Entre los objetivos se encuentran nuevas misiones tripuladas, el alunizaje en los próximos años y el desarrollo de infraestructuras que permitan una presencia sostenida en la superficie lunar.
El éxito de Artemis II consolida así una estrategia a largo plazo que no solo contempla el regreso a la Luna, sino que también abre la puerta a futuras misiones humanas a Marte, en un contexto de creciente interés internacional por la exploración del espacio profundo.
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