El palacio donde Almazán fue Corte: reyes, príncipes y cinco siglos de historia frente al Duero
Los Reyes Católicos residieron durante meses entre sus muros y su hijo, el príncipe Juan, estableció allí su propia Corte. El Palacio de los Hurtado de Mendoza nació a finales del siglo XV, se convirtió en uno de los grandes escenarios del poder en Castilla y todavía guarda historias sorprendentes bajo sus piedras.
Los dos derrumbes sufridos en apenas unas semanas han dejado una imagen difícil de asimilar en Almazán y en toda la provincia. Pero para comprender verdaderamente lo que se ha perdido en el Palacio de los Hurtado de Mendoza hay que retroceder más de quinientos años. Porque detrás de la galería que miraba al Duero, de los arcos desplomados y del artesonado dañado existe una historia que lleva directamente hasta Isabel la Católica, Fernando de Aragón, el príncipe Juan, la conquista de Tenerife y una época en la que Almazán llegó a convertirse temporalmente en sede de la Corte.
No es una exageración. Durante la primavera de 1496, decisiones de la Monarquía Hispánica se tomaron desde esta villa soriana y algunos de los personajes más poderosos de finales del siglo XV caminaron por las estancias del palacio.
Y todo comenzó con los Mendoza.
Pedro González de Mendoza, el hombre que levantó el primer palacio
El origen del edificio que ha llegado hasta nuestros días se encuentra a finales del siglo XV. La documentación de la Junta de Castilla y León atribuye su construcción a Pedro González de Mendoza y Luna, V señor de Almazán y primer conde de Monteagudo de Mendoza, título que recibió de los Reyes Católicos en 1476. Había sido guarda mayor de Enrique IV y pertenecía a una de las familias aristocráticas más poderosas de Castilla.
Los Mendoza dominaban la villa desde finales del siglo XIV. En 1395, Almazán y su Tierra habían quedado bajo el régimen señorial de una rama de esta familia, situación que se prolongaría durante siglos. El palacio no fue, por tanto, únicamente una gran residencia. Era la representación física del poder señorial de los Mendoza sobre Almazán.
La parte primitiva se levantó estratégicamente en el extremo de la villa amurallada, sobre el fuerte desnivel que desciende hacia el Duero. Aquella ubicación permitía al palacio tener dos caras completamente diferentes: una vinculada a la fortificación medieval y al río y otra que, décadas después, se abriría monumentalmente hacia la Plaza Mayor.
Sus dimensiones ayudan a comprender que no hablamos de una casa nobiliaria convencional. Una guía didáctica oficial de la Junta calcula que ocupa alrededor de 2.000 metros cuadrados de suelo y supera los 5.000 metros cuadrados construidos.
La fachada que miraba al Duero era el verdadero palacio de los Reyes Católicos
La parte más antigua era precisamente la que ha sufrido los graves derrumbes. Se trata del cuerpo del gótico final, construido a finales del siglo XV y orientado hacia el Duero.
Constaba de sótano y dos pisos con galerías superpuestas. La inferior llegó a disponer originalmente de ocho arcos apuntados, mientras que la superior estaba formada por once arcos, apoyados sobre pilares trabajados. Esa galería constituía uno de los elementos arquitectónicos más singulares del conjunto.
Sobre ella existía además una techumbre de madera trabajada, relacionada con la tradición mudéjar, uno de los elementos afectados por los derrumbes.
Pero el gran valor de esta parte del edificio no era únicamente artístico. Ese era el palacio que conocieron los Reyes Católicos.
Isabel y Fernando durmieron en Almazán
La presencia de Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en el palacio no pertenece a una leyenda local. Está documentada.
Los monarcas visitaron Almazán en diferentes ocasiones y durante la primavera de 1496 permanecieron durante meses en la villa, utilizando el Palacio de los Mendoza como residencia real. La documentación parlamentaria de Castilla y León recuerda expresamente que el inmueble fue palacio real durante las estancias de los Reyes Católicos y sitúa una residencia prolongada en aquel año.
Almazán se convirtió, por tanto, durante aquel periodo en Corte de los Reyes Católicos.
Conviene entender lo que significaba aquello en el siglo XV. La Corte no era todavía una capital fija en el sentido moderno. Los reyes viajaban acompañados de su casa, consejeros, oficiales, escribanos, servidores, nobles y diplomáticos, y el lugar donde residía el monarca se convertía temporalmente en centro político.
Durante aquellos meses de 1496, ese lugar fue Almazán.
Los salones del viejo palacio junto al Duero dejaron así de ser únicamente las habitaciones privadas de los Mendoza. Allí residían los reyes que acababan de conquistar Granada cuatro años antes y que estaban construyendo una nueva estructura política para sus reinos.
El príncipe Juan convirtió Almazán en su escuela para ser rey
Existe además otro episodio posiblemente todavía más extraordinario.
Los Reyes Católicos tenían cinco hijos, pero solo un varón: Juan de Aragón y Castilla. Era el heredero de las coronas y, por tanto, la persona destinada a suceder a Isabel y Fernando.
En 1496, cuando tenía 18 años, sus padres decidieron que había llegado el momento de que dispusiera de casa y Corte propias para aprender a gobernar.
Y eligieron Almazán.
La propia historia oficial del Ayuntamiento explica que los Reyes Católicos establecieron aquí la Corte de su primogénito para que se independizara y aprendiera las tareas de gobierno.
La decisión está respaldada por estudios sobre la casa del príncipe. El 20 de abril de 1496 comenzó en Almazán la contabilidad de su nueva casa independiente. Su pequeño mundo cortesano incluía consejeros, caballeros, pajes, músicos y servidores. Entre los caballeros de compañía aparecían personajes que posteriormente alcanzarían enorme relevancia, como Nicolás de Ovando, futuro gobernador de las Indias.
Por unas semanas, por tanto, el futuro de la Monarquía estaba instalado junto al Duero.
La historia terminaría de forma trágica. El príncipe Juan murió al año siguiente, en 1497, con solo 19 años. Su muerte alteró completamente la sucesión de los Reyes Católicos y, después de una compleja cadena dinástica, acabaría abriendo el camino para que su sobrino Carlos de Habsburgo, Carlos I, heredara las coronas.
El joven para quien se había creado una Corte en Almazán nunca llegó a ser rey.
Los reyes guanches de Tenerife llegaron a Almazán
Entre las curiosidades históricas relacionadas con aquella Corte existe una verdaderamente excepcional y poco conocida fuera de Almazán.
En 1496 acababa de culminar la conquista castellana de Tenerife. Alonso Fernández de Lugo viajó hasta la Corte acompañado de varios de los gobernantes indígenas vencidos de la isla, los denominados menceyes.
Y los llevó hasta Almazán.
Una publicación académica de la Universidad de La Laguna sitúa la audiencia con los Reyes Católicos entre abril y junio de 1496 y documenta la presencia ante los monarcas de los gobernantes indígenas trasladados desde Tenerife.
El propio material educativo de la Junta de Castilla y León conserva la imagen y transcripción de una placa instalada en Almazán que recuerda que en junio de 1496 los Reyes Católicos recibieron la promesa de fidelidad de los reyes guanches de Tenerife.
Es decir, mientras Isabel y Fernando residían en la localidad soriana, uno de los episodios que siguieron inmediatamente a la incorporación de Tenerife a la Corona tuvo como escenario Almazán.
La historiografía ha discutido el número exacto de menceyes trasladados __EMDASH__algunas fuentes hablan de siete y otras de nueve__EMDASH__, por lo que resulta más prudente no cerrar esa cifra. Lo que sí está documentado es su presencia en Almazán y su comparecencia ante los Reyes Católicos.
Del palacio gótico a una residencia renacentista
El edificio que contemplamos actualmente no es exactamente el que vieron Isabel y Fernando.
Unos setenta años después se produjo su segunda gran transformación.
Hacia 1565, Francisco Hurtado de Mendoza emprendió una gigantesca ampliación de la residencia familiar. El antiguo palacio medieval que miraba al Duero comenzó entonces a extenderse hacia la Plaza Mayor.
La investigación arqueológica publicada por la Universidad de Valladolid señala que aquella ampliación dio al edificio buena parte de su configuración definitiva. Las obras se atribuyen al arquitecto italiano Bartolomé Carlone, relacionado también con las obras del monasterio de El Escorial y con el castillo de San Leonardo de Yagüe.
De ahí procede la otra gran cara del palacio: la fachada renacentista de la Plaza Mayor, sobria, monumental y de clara influencia italiana.
En el centro se situaron la gran portada y el balcón principal, flanqueados por columnas, mientras que sobre el conjunto destacaba el escudo de los Mendoza. El proyecto contemplaba además torres rematadas con chapiteles que nunca llegaron a concluirse tal y como fueron concebidas.
En 1575, Felipe II concedió a Francisco Hurtado de Mendoza el título de marqués de Almazán, y en el palacio fueron colocados nuevos escudos relacionados con las mercedes recibidas del monarca.
De esta manera convivieron en un único edificio dos épocas: el palacio gótico-isabelino de finales del XV y la residencia renacentista de la segunda mitad del XVI.
La curiosidad que apareció dentro de una letrina
El palacio guarda incluso información sobre algo tan cotidiano como qué vajilla utilizaban sus habitantes hace cuatrocientos años.
Y la respuesta apareció donde menos podía esperarse.
Durante unas obras realizadas en 2013 se excavó una antigua letrina del edificio. Los arqueólogos recuperaron de su interior nada menos que 199 piezas cerámicas, muchas en un excelente estado de conservación, datadas entre los siglos XVI y XVII.
El hallazgo resultó extraordinariamente útil porque permitió reconstruir los gustos de una familia aristocrática de la época.
Entre los objetos aparecieron piezas procedentes de Muel, cerámicas relacionadas con los talleres de Talavera y recipientes de otros lugares de la Península, además de materiales que evidencian la circulación de objetos de lujo y las redes comerciales de la Edad Moderna. Algunas piezas eran de procedencia portuguesa e italiana.
Cinco siglos después, hasta la basura del palacio terminó contando su historia.
De los Mendoza a los condes de Altamira
El edificio también es conocido como Palacio de los Condes de Altamira.
La explicación se encuentra en los matrimonios entre grandes casas nobiliarias. A comienzos del siglo XVII, Antonia Hurtado de Mendoza Portocarrero, III marquesa de Almazán y VII condesa de Monteagudo, contrajo matrimonio con Gaspar de Moscoso y Rojas, VII conde de Altamira.
A partir de aquella unión, los títulos y propiedades de ambas familias quedaron relacionados y el viejo Palacio de los Mendoza comenzó también a ser identificado con la Casa de Altamira. La documentación del Archivo Histórico de la Nobleza conserva el fondo de los marqueses de Almazán y permite seguir aquella sucesión familiar.
El nombre oficial utilizado cuando fue protegido patrimonialmente conserva precisamente esa denominación.
El 13 de junio de 1991, la Junta de Castilla y León declaró el "Palacio de los Altamira" Bien de Interés Cultural con categoría de Monumento.
Mucho más que un edificio
Durante más de cinco siglos, el Palacio de los Hurtado de Mendoza ha contemplado el Duero desde el mismo lugar.
Fue residencia señorial, alojamiento de los Reyes Católicos, escenario de una Corte itinerante, casa del heredero de Castilla y Aragón y testigo de la presencia en Almazán de los menceyes de Tenerife. Posteriormente se convirtió en uno de los grandes ejemplos de arquitectura nobiliaria renacentista de la provincia.
Eso explica por qué los derrumbes sufridos este septiembre han provocado una reacción que desborda los límites de Almazán.
Porque cuando han caído los arcos de su fachada norte no se han desplomado simplemente piedras de un edificio antiguo.
Se ha abierto una herida en el mismo lugar desde el que, hace más de cinco siglos, se contemplaba el Duero cuando Almazán fue Corte y los Reyes Católicos durmieron entre sus muros.
Bibliografía consultada:
- González Arce, José Damián. La casa y corte del príncipe don Juan (1478-1497). Economía y etiqueta en el palacio del hijo de los Reyes Católicos. Sociedad Española de Estudios Medievales, 2016.
- Cruz Sánchez, Pedro Javier; Ruiz de Marco, Agustín; Tarancón Gómez, María Jesús; Arellano Hernández, Óscar Luis; Lerín Sanz, Montserrat; Barrio Onrubia, Raquel. “Contextos cerámicos de los siglos XVI y XVII en una villa del oriente castellano: la colección recuperada en la letrina del palacio de los Hurtado de Mendoza (Almazán, Soria)”. BSAA Arqueología, nº 80, Universidad de Valladolid, 2014.
- Gambín García, Mariano. “Un rey guanche en la corte de los Reyes Católicos: tras los pasos de don Enrique Canario, el último mencey de Icod”. Revista de Historia Canaria, nº 185, 2003.
- Archivo Histórico de la Nobleza. Fondo de los Marqueses de Almazán.
- Ayuntamiento de Almazán. Palacio de los Hurtado de Mendoza y Almazán, un poco de historia.
- Junta de Castilla y León. Decreto 151/1991, de 13 de junio, de declaración como Bien de Interés Cultural del Palacio de los Altamira de Almazán.
Bibliografía consultada:
- González Arce, José Damián. La casa y corte del príncipe don Juan (1478-1497). Economía y etiqueta en el palacio del hijo de los Reyes Católicos. Sociedad Española de Estudios Medievales, 2016.
- Cruz Sánchez, Pedro Javier; Ruiz de Marco, Agustín; Tarancón Gómez, María Jesús; Arellano Hernández, Óscar Luis; Lerín Sanz, Montserrat; Barrio Onrubia, Raquel. “Contextos cerámicos de los siglos XVI y XVII en una villa del oriente castellano: la colección recuperada en la letrina del palacio de los Hurtado de Mendoza (Almazán, Soria)”. BSAA Arqueología, nº 80, Universidad de Valladolid, 2014.
- Gambín García, Mariano. “Un rey guanche en la corte de los Reyes Católicos: tras los pasos de don Enrique Canario, el último mencey de Icod”. Revista de Historia Canaria, nº 185, 2003.
- Archivo Histórico de la Nobleza. Fondo de los Marqueses de Almazán.
- Ayuntamiento de Almazán. Palacio de los Hurtado de Mendoza y Almazán, un poco de historia.
- Junta de Castilla y León. Decreto 151/1991, de 13 de junio, de declaración como Bien de Interés Cultural del Palacio de los Altamira de Almazán.








