¿Estamos solos en el Cosmos? (VII)
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¿Estamos solos en el Cosmos? (VII)

El profesor Ramón Tamames firma la séptima entrega de este serial en TRIBUNA. 

Seguimos avanzando en la serie de una inquietud palpitante sobre si estamos o no solos en el universo que conocemos. Hoy nos ocupamos del tema con tres figuras que son más que expresivas: los exoplanetas, que hasta ahora no nos ofrecen nada; la fantasía por partida doble de Kubrick y Clark, sobre posible alienígenas que un día pasaron por la Tierra; y finalmente, traemos a la memoria a Nicolás de Cusa, un pensador del Medioevo sobre un tema tan actual hoy en día siglos después. Anunciamos a los lectores de Tribuna que este es el penúltimo capítulo de la serie sobre la gran cuestión.

 

 

Sin pruebas de que haya habido alienígenas en la Tierra

 

Una posible prueba bastante concluyente de que tal vez sí que estamos solos en el universo radica en el hecho de que en la propia Tierra no hay indicios de actividades alienígenas, esto es, de viajeros de fuera que pasaron por aquí, como tampoco se conoce ninguna mina, cantera o cúmulo de chatarra de diez millones de años de antigüedad, que pudiera revelar el tránsito en la Tierra de visitantes extraterrestres. Aunque, ciertamente, podría argüirse en contra de esa verificación que las cicatrices de presencias de ese tipo no habrían durado tanto tiempo, por lo que, precisamente, tales indicios son imposibles o muy difíciles de detectar.

 

 

Cosa bien distinta sería que se descu­briera, por ejemplo, un cráter triangular enterrado, con fuertes indicios de ser obra no de la naturaleza, sino artificial, eventualidad hasta ahora no acontecida, pues los geólogos tienen registros de miles de cráteres, y todos son más o menos redondos, esto es, de la forma natural que generan los impactos de asteroides o aerolitos, o las propias erupciones volcánicas; o que se encontrara una piedra ortogonal negra de un materia no común en la Tierra, como sucede al comienzo del filme 2001, una odisea del espacio, de Kubrick y Clarke. Pero nada de eso ha aparecido por estos pagos… al menos hasta ahora.

 

 

El Dr. Stephen Webb, del Wabash College, ha confeccionado una lista de no menos de cincuenta expli­caciones de la llamativa ausencia de extraterrestres en nuestro entorno, asumiendo dos hipótesis: nos miran pero no establecen contacto (hipótesis cero); o los alienígenas están demasiado entretenidos explo­rando otros universos como para molestarse con nosotros (hipótesis universos paralelos). Cada uno, dice Webb, que elija su opinión[1].

 

Stanley Kubrick, el genial director de cine, junto con Arthur Clarke, su co-guionista principal en la película “2001, una odisea espacial”, presupuso que en la Tierra hubo alienígenas, que llegaron, crearon y se fueron, o desaparecieron misteriosamente. Y desde luego, desconocidos hasta excavaciones recientes, con la enorme pieza pétrea negra encontrada en la superficie terrestre. Fruto de la imaginación de Kubrick y Clarke, porque en realidad no se tiene ninguna prueba de que haya pasado por aquí una civilización previa a la humana en el planeta privilegiado que poseemos

 

Y si “no hay alienígenas en la costa”, por lo menos podría haber máquinas construidas por ellos. Un tema al que se ha referido Frank Tipler, quien ha defendido enérgicamente la tesis de que la ausencia de máquinas de von Neumann en el sistema solar viene a demostrar que estamos solos en el universo. Porque solo harían falta 300 millones de años para llenar la galaxia con esos dispositivos, así que desde el Big Bang ha habido tiempo más que de sobra para que se produjera una invasión galáctica de esa clase[2].

 

 

 

 

Exoplanetas a la vista

 

 

El hecho es que hasta hace bien poco solo se conocían nueve planetas (ocho, tras el cambio de clasificación de Plutón) en todo el universo; a pesar de que había tantísimos millones de estrellas como el Sol y tantísimos millones de galaxias como la Vía Láctea.

 

 

Inevitablemente tenía que haber más planetas que los del sistema solar, pero todo eran especulaciones hasta hace muy pocos años, cuando dos astrónomos europeos, Michael Mayor (Observatorio de Ginebra, Suiza) y el entonces estudiante Didier Queloz, descubrieron en 1995 el primer exoplaneta, en órbita alrededor de una estrella, a una distancia de 42 años luz de nuestro sistema solar. Dos meses después, el estadounidense Geoff Marcy anunció otros dos exoplanetas. Desde entonces, la lista no hace más que crecer, hasta los más de 1.000 a día de hoy[3].

 

El primer hallazgo de Michel Mayor y Didier Queloz, el exoplaneta Pegasus 51b, orbita alrededor de un conjunto binario, esto es, de dos estrellas, un hallazgo que revolucionó la idea que se tenía del cosmos, conduciendo a la expectativa de que sería posible descubrir vida dentro o más allá de la Vía Láctea; de manera diferente que con el Proyecto SETI, posible revolución que la Fundación BBVA valoró en el más alto grado, al otorgar a los dos científicos helvéticos citados su galardón 2010 de Fronteras del Conocimiento en Ciencias Básicas[4].

 

Desde que Mayor y Queloz divisaron Pegasus 51b, la lista de mundos conocidos (más o menos análogos al nuestro) fuera del sistema solar ha ido ampliándose, hasta reunirse unos 2.000 planetas (2015) de muy diversas características[5]. Se trata de muestras obtenidas a lo largo de lo que es una tarea muy difícil, pues es como buscar una aguja en un pajar. Y es que, según explica Zachory Berta-Thompson, investigador del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), hay miles de millones de planetas en nuestra galaxia: “basándonos en lo que sabemos, la mayor parte de las estrellas tienen al menos un planeta”.

 

En mayo de 2016, la NASA informó a los medios de comunicación del descubrimiento, hasta ese momento, de 1.284 nuevos planetas fuera del sistema solar merced a los equipos del telescopio espacial Kepler, duplicando así el número de exoplanetas hallados hasta el momento[6]. Quinientos de esos planetas podrían ser similares a la Tierra (relativamente pequeños y rocosos) y en nueve casos incluso se darían las condiciones necesarias para albergar vida, al encontrarse a la distancia “justa” de su particular estrella, y al haber agua en su superficie: los dos requisitos indispensables para poder acoger alguna forma de ser vivo. Con la incorporación de estos nueve, ya fueron 21 los exoplanetas que reunían tales características. Y ahí va la pregunta: si con tantas similitudes no se revela que haya vida, ¿no tenemos ya una muestra de que estamos solos? ¿O sucede que la muestra es demasiado pequeña, incluso en términos bayesianos (teoría de las muestras pequeñas)?

 

¿Y cuántos cree que podrían parecerse a la Tierra?, se le preguntó al citado Berta-Thompson: “Según un estudio de mi colega Courtney Dressing [de la Universidad de Harvard] –esa fue la respuesta—, alrededor del 16 por 100 de las estrellas pequeñas tienen planetas similares a la Tierra, en tamaño y temperatura. Eso significa que solo en nuestra galaxia hay miles de millones de planetas como el nuestro”.

 

La Tierra, una burbuja de vida: Nicolás de Cusa

 

En medio de la inmensidad del espacio, la Tierra es una burbuja capaz de proteger la vida frente a las duras condiciones del exterior. Esto ocurre, en gran parte, porque el campo magnético terrestre se comporta como un escudo que bloquea la radiación solar más nociva para los seres vivos. Y, por otra parte, la atmósfera hace que una parte importante del calor procedente del Sol rebote al espacio[7]. Y cuando se desciende al nivel microscópico en medio de este delicado equilibrio, el agua líquida es la que permite que las moléculas que componen la vida se organicen en células, y estas a su vez en complejos organismos que pueden alcanzar la altura de edificios.

 

Por todo ello, cuando se conversa tanto sobre exoplanetas, cabe subrayar que, hasta ahora, el ser humano no ha descubierto ningún lugar que reúna las características tan peculiares del entorno de la Tierra, en cuanto a capacidad de cobijar formas de vida. Pero, dado que se estima que la Vía Láctea puede estar habitada por 100.000 millones de estrellas y por un número aproximado de 40.000 millones de planetas, los científicos decidieron que merecía la pena buscar cuerpos similares a la Tierra más allá del Sistema Solar, y que son precisamente los que reciben el nombre de exoplanetas. Pero la búsqueda no ha dado ningún espécimen análogo a la Tierra.

 

¿Y qué piensa la Iglesia sobre la posibilidad de otras civilizaciones extraterrestres? En ese sentido, José Gabriel Funes, S.J., director de la Specole Vaticana, hace un resumen de la cuestión:

 

Nicolás de Cusa (1401/1464)[8] sostuvo la idea de otros mundos habitados, especulando sobre la naturaleza de los extraterrestres. Giordano Bruno adoptó el heliocentrismo de Nicolás Copérnico, transformándolo en una visión del universo infinito y eterno con estrellas, como el sol, con mundos circundantes y habitados. Bruno criticó a Copérnico porque se había detenido en la matemática, sin afrontar los problemas filosóficos de la nueva visión del mundo. Así, para Bruno, la Tierra es un planeta semejante a otros que pueden definirse como “otras Tierras”. Menos conocido es el caso del astrónomo jesuita Angelo Secchi, uno de los fundadores de la astrofísica moderna, director del Observatorio del Colegio Romano, quien en el siglo XIX, se manifestó absolutamente convencido de la existencia de otros mundos habitados[9].

 

Como siempre, hasta el próximo viernes, día 8 de octubre, pudiendo conectar los lectores de Tribuna, con el autor, a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net

 


[1] Stephen Webb se graduó de Wabash College en 1983, obtuvo su doctorado en la Universidad de Chicago, y ha trabajado en Wabash College como profesor de religión y filosofía desde 1988.

[2] Frank Tipler es un escritor y profesor de física matemática estadounidense de la Tulane University en Nueva Orleans, Luisiana, y autor del libro Física de la inmortalidad: la cosmología moderna y su relación con Dios y la resurrección de los muertos; versión española en Alianza Editorial, Madrid, 2005.

[3] “500 nuevos mundos”, El País, 30.VI.2011.

[4] Belén V. Conquero, “No podremos vivir fuera de la Tierra”, La Razón, 25.I.2012.

[5] Teresa Guerrero, “Una tierra ‘infernal’ en nuestro vecindario Galáctico”, El Mundo, 12.XI.2015.

[6] “La NASA descubre 1.284 nuevos planetas”, El Mundo, 11.V.2016.

[7] Gonzalo López Sánchez, “Los <<primos>> lejanos de la Tierra”, ABC, 25.VII.2015.

[8] Un gran especialista en Nicolás de Cusa, el Cusano, en España, fue Mariano Álvarez Gómez, colega del autor en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas.

[9] José Gabriel Funes, “¿Solo nosotros en el universo?”, L’osservatore Romano / El Mundo, 31.VII.2015