Mañueco, el traje de candidato y el dudoso aval de Salamanca

Deja de ser alcalde sin proyectos de ciudad, con varias gestiones fallidas y varias 'bombas' a punto de explotar. Un aval muy pobre para su nueva etapa 100% cabeza de cartel.

Ha tardado, pero a partir de ahora solo veremos al Alfonso Fernández Mañueco cabeza de cartel del PP a la Junta de Castilla y León. Tras más de año y medio como presidente y candidato 'in pectore', y todavía a falta de la confirmación oficial, dejará de compaginar el traje de alcalde (saliente) con el de candidato (entrante). Un alivio para su guardarropa que agradecerán también los que le hacen la agenda, pero mucho más todavía lo agradecemos los contribuyentes, que hemos estado pagando una engañosa afición, la de desdoblar personalidad y mezclar lo público con lo privado, lo institucional con lo electoral. Solo se lo ha podido permitir porque se financiaba con fondos y tiempo municipales.

 

Así que puede que la buena noticia de su renuncia a la alcaldía sea esa, que a partir de ahora su contrato a tiempo completo lo deberá pagar su partido. Y está muy bien: para esas siglas lleva trabajando en exclusiva y sin rubor desde hace meses, huído de la alcaldía, así que ya va siendo hora de que pongan negro sobre blanco su número de la Seguridad Social. Puede también que sea lo único bueno que nos espera si, como afirma convencido, va a ser el próximo presidente de Castilla y León. Porque tras conocer su ejercicio en Salamanca sólo se puede decir una cosa: 'Que Dios nos pille confesados'.

 

Los siete años que (muy a su pesar, dicen) lleva en el cargo pueden dar una idea de lo que nos espera. En el momento de su marcha, Mañueco abandona el Ayuntamiento de Salamanca sin presupuesto (ni siquiera han empezado a negociarlo) y escurriendo el bulto del incómodo debate del estado de la ciudad que le impuso la oposición. Se marcha justo el día que la Policía Local ha salido a la calle a protestar en el primer acto de un plante. Se marcha sin terminar proyectos que anunció antes de ser alcalde hace siete años; con la mayor inversión de su mandato, la nueva ciudad deportiva, entregada a los intereses privados.

 

Tampoco ha sido capaz de arreglar el embrollo de El Corte Inglés, que se instaló en Salamanca con un compendio de licencias anuladas por la justicia; lejos de arreglarlo, ha conseguido enfadar al Ministerio de Defensa que reclama 14 millones de euros por una solución que es casi un robo. Un éxito total en una de esas gestiones por las que los suyos le valoran tanto.

 

También está pendiente de que la justicia anule de manera definitiva el contrato más grande de su era, los 144 millones del bus urbano. Y con el escándalo de un hotel ilegal, el Corona Sol, con todos los permisos anulados, un caso en el que ha preferido tomar partido por una conocida promotora y hacer la vida imposible a un grupo de valientes vecinos que veían como el propio alcalde celebraba en ese hotel su cena de Navidad. Nada de todo esto ha salido en su complaciente balance de siete años en los que no ha dejado ningún proyecto de ciudad. El único con ese sello, la recuperación del Tormes a su paso por la ciudad, apenas si ha despegado. Y no hay nada más en el horizonte.

 

En su despedida, Fernández Mañueco ha reconocido "vértigo". Sin duda, lo ha sentido: ha tardado tanto en decidirse que ha mosqueado a propios y extraños. Muchas dudas para alguien que llevaba años suspirando por su oportunidad, y que la va a tener que esperar hasta el último momento, con la sombra de un presidente histórico al que no alcanza y la incomodidad de un escenario político cambiante, y donde más en su partido, obligado a virar en el pulso Soraya/Casado en el último momento para no ver malogrados años de trabajos subterráneos.

 

Y a pesar de todo, ahora lo tiene casi todo en contra. Las encuestas le dan el peor resultado del PP regional y él es, todavía, un perfil demasiado desconocido fuera de Salamanca. Curiosamente, su nota ha empeorado: antes de ser presidente del PP no le conocía nadie, pero le valoraban; ahora que le conocen... le han suspendido. Los peores augurios para un político bregado en sillones y hemiciclos, ajeno a mucho, convencido de su inmunidad a casi todo: justo el prototipo que ahora está en el punto de mira.

 

El desgaste de su partido en la Comunidad lo ha convertido en objetivo del último fenómeno, VOX, y de todos los partidos que le apuntan a dar. Después de tres décadas en el ejecutivo regional, los 'populares' están en el nuevo punto de mira de la política, los gobiernos eternos (y sus corruptelas). A fe que no todos los candidatos están preparados para salvar ese escollo. El dudoso aval de su gestión reciente en Salamanca no le va a ayudar precisamente.