Sucedió el pasado domingo. El sujeto, un varón de 30 años, fue arrestado por la Policía Local
Caos en Atocha tras el accidente ferroviario en Córdoba: cancelaciones, retrasos y viajeros sin alternativas
Cascada de incidencias en la estación madrileña, donde muchos pasajeros buscan soluciones improvisadas
La Estación de Atocha ha vivido esta tarde una situación marcada por la incertidumbre y la resignación tras el grave accidente ferroviario ocurrido en Adamuz (Córdoba). El descarrilamiento de dos trenes ha causado al menos 21 muertos y decenas de heridos graves, según han confirmado fuentes de la investigación a la agencia EFE, y ha tenido un impacto inmediato en el tráfico ferroviario de media y larga distancia.
Aunque los trenes afectados no tenían como destino Madrid, las consecuencias se han dejado sentir con fuerza en Atocha. Durante las últimas horas, la actividad se ha concentrado principalmente en el servicio de Atención al Viajero de Renfe y en los mostradores de alquiler de coches, convertidos en la alternativa más rápida para quienes necesitaban continuar su viaje.
Pese a la gravedad de lo ocurrido, el ambiente en la estación ha sido relativamente calmado. No se han registrado escenas de nerviosismo ni la presencia de familiares de víctimas en las zonas de tránsito. Muchos viajeros, recién llegados desde ciudades como Pamplona o Barcelona, se enteraban del accidente al bajar del tren, sorprendidos por la presencia de cámaras y periodistas.
Entre los afectados por las cancelaciones, el sentimiento general era de comprensión, aunque también de frustración. Un joven andaluz explicaba que debía regresar a casa esa misma noche, pero que la única información recibida apuntaba a una posible reanudación del servicio no antes del lunes por la tarde. Otros optaban por soluciones más inmediatas: "No puedo quedarme en Madrid", comentaba un viajero de mediana edad mientras se dirigía al aparcamiento para recoger un coche de alquiler.
También hubo quienes decidieron buscar alojamiento cercano. "Esta noche no hay manera de viajar, mañana ya veremos", señalaba una mujer camino de la salida de la estación, tras confirmar que su tren había sido suspendido.
En las pantallas de información, los trenes procedentes de Málaga y Sevilla aparecían como suprimidos, mientras que otros, como los de Huelva y Málaga, acumulaban importantes retrasos. Todo ello en un ambiente marcado por la tristeza y el silencio contenido de los viajeros que aún permanecían en la estación.
Los vigilantes de seguridad trataban de identificar a los pequeños grupos que esperaban en las zonas de descanso, sin saber si se trataba de pasajeros indecisos o de profesionales de la información. Mientras tanto, Atocha seguía funcionando a medio gas, convertida en un punto de llegada donde muchos descubrieron, de golpe, la magnitud de una tragedia ocurrida a cientos de kilómetros, pero cuyas consecuencias se sentían muy de cerca.
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