La lluvia intensifica la actividad eléctrica de las setas
Un estudio japonés difundido por Micocyl detectó fluctuaciones superiores a 100 milivoltios y apunta a posibles señales entre ejemplares próximos.
La lluvia podría tener un efecto inmediato sobre la actividad eléctrica de las setas. Una investigación realizada en Japón observó que determinados hongos registraban variaciones mucho más acusadas después de las precipitaciones, con indicios de que esa actividad podría guardar relación con la de otros ejemplares cercanos. El trabajo ha sido recogido por "Tiempo de Setas", la revista digital de Micocyl, programa de Cesefor.
El estudio, publicado en 2023 en la revista científica "Fungal Ecology", se realizó con seis setas de la especie Laccaria bicolor. Los investigadores instalaron electrodos en los ejemplares para seguir su potencial eléctrico mientras permanecían en su entorno natural, en lugar de trasladar la observación a un laboratorio.
En las primeras mediciones, efectuadas en un periodo sin precipitaciones, la actividad registrada fue reducida. Después de la lluvia, las oscilaciones aumentaron y en algunos momentos superaron los 100 milivoltios. El equipo encabezado por Yu Fukasawa, de la Universidad de Tohoku, relacionó esas variaciones con la lluvia y la temperatura.
El análisis mostró además patrones compatibles con una posible transmisión de señales eléctricas entre setas próximas, en algunos casos con una dirección aparente. Se trata, sin embargo, de indicios que necesitan nuevas comprobaciones: los datos no permiten afirmar que los hongos mantengan conversaciones ni que envíen mensajes a los árboles.
La especie estudiada pertenece al grupo de los hongos ectomicorrízicos, que se asocian a las raíces de árboles como pinos, robles y abedules. Bajo tierra desarrollan una red de filamentos, el micelio, que interviene en la captación e intercambio de nutrientes. Determinar si esa estructura también participa en la propagación de señales eléctricas es una de las preguntas abiertas para los científicos.
Las observaciones en condiciones naturales aportan nuevas pistas sobre cómo responden los hongos a su entorno, pero todavía no se conoce el significado ecológico de esas fluctuaciones ni si sirven para coordinar procesos como el crecimiento. En el proyecto participaron también Takayuki Takehi, Daisuke Akai y Masayuki Ushio.








