Ángel Hernández recoge sus lecciones de vida en "Palabra viva"
El sacerdote soriano publica su primer libro tras 33 años de ministerio, con reflexiones sobre el perdón, el diálogo y el valor de los pequeños momentos cotidianos
El sacerdote Ángel Hernández, conocido en Soria por su trabajo con personas sin hogar, migrantes y presos, ha publicado su primer libro tras 33 años de ministerio. En Palabra viva. Enciende 30 días propone detenerse apenas cuatro o cinco minutos al día para reflexionar sobre el perdón, las relaciones y la importancia de aquello que suele pasar inadvertido entre las prisas.
"No es un libro diseñado para que aprendas a rezar, sino para que aprendas a vivir", explica Hernández, que ha reunido en la obra versículos, recuerdos y experiencias personales. Son 30 lecturas breves que pueden iniciarse en cualquier momento del mes y que invitan a mirar con otros ojos situaciones aparentemente sencillas.
Una de esas historias procede de sus visitas a prisión. El sacerdote recuerda a un interno que soñaba con recuperar la libertad para contemplar un atardecer junto a su hija. Un gesto al alcance de muchas personas, pero convertido para aquel padre en un deseo difícil de cumplir. "Tú y yo lo podemos ver cualquier día, sin embargo no lo hacemos", reflexiona.
Esa forma de entender la vida está ligada a su trabajo cotidiano. En el Hogar de la parroquia de Golmayo comparte tiempo y mesa con quienes necesitan apoyo para comenzar de nuevo. Antes, durante su etapa en la parroquia de La Mayor, invitaba a cenar en Nochebuena a personas sin hogar y a presos con permiso penitenciario. En esas relaciones ha encontrado algunas de las enseñanzas que ahora traslada al papel.
El perdón y las relaciones humanas
Hernández rescata también un recuerdo de infancia: el día en que rompió un botijo de su abuela. Lo que permanece en su memoria no es el accidente, sino la respuesta cariñosa de ella, que dio más importancia a su nieto que al objeto. "Somos mucho más que las equivocaciones que cometemos", sostiene el sacerdote, convencido de que los errores no deben definir a una persona.
El libro aborda igualmente el diálogo entre quienes mantienen opiniones distintas. "No tenemos por qué ser enemigos cuando pensamos de distinta manera", afirma. En sus páginas cuestiona las etiquetas políticas y religiosas, y expresa su deseo de llegar tanto a creyentes como a quienes se han alejado de la Iglesia.
"Muchas veces hemos perdido lo importante por lo urgente", advierte. Frente a las prisas, propone prestar atención al tiempo compartido, al silencio y a la naturaleza. Como ejemplo recuerda un paseo por la sierra de Cebollera en el que la niebla transformó el paisaje y permitió descubrir otra forma de disfrutarlo.
Una fe vinculada a la vida cotidiana
En sus reflexiones también aparecen las dificultades de las personas migrantes, de quienes no tienen hogar, de los internos en prisión y de las familias que cuidan de hijos con discapacidad. Para Hernández, la espiritualidad no puede quedar limitada a normas o ritos, sino que debe atender el sufrimiento real y las necesidades de quienes lo atraviesan.
"El Dios que yo intento vivir es un Dios encarnado", explica. Y añade: "Dios no pone etiquetas. La única que nos pone es que somos hijos suyos". Esa mirada, sostiene, nace de la convivencia y de una fe que busca expresarse en los gestos de cada día.
El prólogo de Palabra viva. Enciende 30 días está firmado por Martín Valverde y Lizzy Watson, a quienes el sacerdote considera parte de su familia. Hernández recuerda que ambos le animaron a escribir y evoca su cercanía a José Pablo, hijo de la pareja, a quien acompañó durante su enfermedad y cuyo funeral presidió.
Presentado recientemente en el Casino de Soria, el libro aspira a provocar pequeños cambios en la mirada del lector. Más que ofrecer respuestas cerradas, Ángel Hernández invita a recuperar el valor de las relaciones y los momentos cotidianos, como aquel atardecer que un padre esperaba volver a compartir con su hija.








