Las danzas regresan al interior de la iglesia restaurada y congregan a cientos de vecinos y visitantes en los días grandes de la tradición pinariega
El paloteo de San Leonardo alcanza rango regional en unas Candelas históricas
Las danzas regresan al interior de la iglesia restaurada y congregan a cientos de vecinos y visitantes en los días grandes de la tradición pinariega
El sonido seco de los palos, el paso medido de los danzantes y el silencio expectante del público han marcado este año unas Candelas distintas en San Leonardo de Yagüe. No solo por la intensidad emocional de la celebración, sino porque las danzas del paloteo se han representado por primera vez tras su declaración como Fiesta de Interés Turístico Regional, un reconocimiento oficial que ha situado esta tradición pinariega en un nuevo escalón de visibilidad y prestigio.
Los días 2 y 3 de febrero concentran los actos principales de unas fiestas que giran en torno a La Virgen de las Candelas y San Blas, con un elemento especialmente simbólico este año: el regreso de las danzas al interior de la iglesia, recientemente restaurada y recuperada como espacio central del rito.
La celebración de las Candelas, el 2 de febrero, hunde sus raíces en la antigua Cofradía del Santísimo Rosario, documentada ya en el siglo XV. Con un origen remoto vinculado a ritos celtibéricos, estas danzas fueron adoptando con el tiempo una forma religiosa y guerrera que hoy se conserva con un respeto casi intacto.
El desarrollo del ritual mantiene una secuencia inalterable. Tras la misa de ministros y el sermón, hacen su entrada en el templo los dos bobos, seguidos del abanderado y los ocho danzantes, que portan palos y coberteras. A partir de ese momento se suceden once danzas, cada una acompañada por su propia melodía, antes de dar paso a la procesión por las calles del municipio.
La recuperación de las danzas ha sido posible gracias a la implicación directa de Antonio Torres Gómez, Conrado Rupérez San José, Álvaro Sanz Torres, Miguel Fernández Bujedo, Alejandro Alonso Sastre, Pedro Rupérez Domingo, Eduardo León Elvira, Rodrigo Elvira Berzal y Sergio García Torres, vecinos que han asumido el compromiso de mantener viva una de las expresiones culturales más singulares de la comarca.
Con zapato negro, calcetas blancas, calzón rojo hasta la rodilla, camisa blanca, faja negra, chaquetilla adamascada y pañuelo violeta o rojo, los danzantes marcan el ritmo al compás de la dulzaina y el tamboril, ante la mirada de centenares de personas. El sentido profundo del ritual, explican, es "pedirle a la naturaleza que llegue el final del invierno", a través de unas danzas "cargadas de sentimiento y respeto por la tradición".
Más allá del espectáculo, la vivencia es íntima y colectiva a la vez. Los participantes reconocen que ser danzante supone "una mezcla de ilusión y un orgullo muy grande por representar a tu pueblo", una emoción compartida por vecinos y visitantes.
La jornada concluye por la tarde con la representación de comedias, donde los habitantes de San Leonardo se transforman en actores para dar vida a obras clásicas. El día siguiente, San Blas, prolonga la celebración con la repetición de los actos y la procesión presidida por las imágenes de la Virgen y San Blas, cerrando unas fiestas que refuerzan, un año más, la memoria y la identidad pinariega del municipio.
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