El día que Lorca estrenó La Barraca en Soria: del sueño de El Burgo al boicot de San Juan de Duero
Federico García Lorca eligió la provincia soriana para echar a andar en julio de 1932. La primera función pública de La Barraca tuvo lugar en El Burgo de Osma; cinco días después, bajo los arcos de San Juan de Duero, una representación de ‘La vida es sueño’ terminó entre protestas, apagones y la intervención de los guardias
El teatro llegó a El Burgo de Osma sobre ruedas. A las cinco de la tarde del domingo 10 de julio de 1932, empezaron a entrar en la localidad varios vehículos cargados con un equipaje poco habitual: decorados, focos, herramientas, vestuario, telas y las piezas de un escenario desmontable. Con ellos viajaban una treintena de jóvenes universitarios y, al frente de aquella expedición, Federico García Lorca y Eduardo Ugarte.
No buscaban un teatro. Lo llevaban consigo.
Ante la curiosidad de los vecinos, los estudiantes comenzaron a montar en la Plaza Mayor una estructura de unos ocho metros de largo por seis de ancho y metro y medio de altura. Un gran lienzo negro cerraba el fondo y dos cortinas laterales servían para las entradas y salidas de los actores. Allí donde hubiese una plaza y alguien dispuesto a mirar, podía levantarse La Barraca.
A las diez de aquella noche ocurrió algo que coloca a El Burgo de Osma en la historia del teatro español: el escenario acogió la primera representación pública de La Barraca, el proyecto con el que Lorca pretendía llevar los clásicos a pueblos alejados de los grandes circuitos culturales. Soria no fue una parada más de aquella aventura. Fue su punto de partida.

La noche en que Lorca habló a los vecinos de El Burgo
Antes de que los actores aparecieran sobre las tablas, Lorca se dirigió personalmente al público burgense. Quería explicar qué era aquel extraño teatro universitario que había llegado desde Madrid y por qué sus integrantes recorrían carreteras cargando y descargando su propio escenario.
La idea era tan sencilla como ambiciosa: devolver al pueblo una parte esencial del gran teatro clásico español y hacerlo allí donde ese teatro difícilmente podía llegar.
Aquella primera noche se representaron La cueva de Salamanca y La guarda cuidadosa, de Miguel de Cervantes, junto a Los dos habladores, una pieza de tradición o escuela cervantina.
La puesta en escena estaba lejos de ser modesta desde el punto de vista artístico. Alfonso Ponce de León había diseñado figurines y decorados para La guarda cuidadosa; Santiago Ontañón, para La cueva de Salamanca; y Ramón Gaya había trabajado en Los dos habladores. Para el gran montaje de La vida es sueño, que la compañía llevaba preparado para aquella primera gira, la escenografía y los figurines eran obra de Benjamín Palencia.
El experimento funcionó.
La Plaza Mayor se llenó. La prensa soriana de aquellos días describió el éxito como "franco y rotundo" y dejó imágenes de una localidad prácticamente volcada con el acontecimiento, con público agolpado también en balcones y ventanas. El entusiasmo llegó al Ayuntamiento, que acordó trasladar al ministro de Instrucción Pública, Fernando de los Ríos, su satisfacción por la actuación.
Los estudiantes recogieron después sus decorados, desmontaron el escenario y volvieron a cargarlo todo.
La Barraca ya había nacido.

Lorca ya conocía Soria
La decisión de comenzar precisamente en esta provincia no surgió de la nada.
Federico García Lorca había recorrido tierras sorianas apenas siete semanas antes. Los días 21 y 22 de mayo de aquel mismo 1932 acompañó a Fernando de los Ríos durante un viaje en el que también participaron, entre otros, Gloria Giner y Corpus Barga.
Pasaron por El Burgo de Osma y San Leonardo, llegaron a Soria capital y visitaron el Museo Numantino y Numancia. La expedición se desplazó asimismo hasta Torrearévalo, localidad natal del filósofo Julián Sanz del Río.
De aquella visita permanece una prueba excepcional. Lorca fue fotografiado en Numancia el 22 de mayo de 1932 junto a Fernando de los Ríos, Blas Taracena, José Tudela, Juan Antonio Gaya Nuño y otros integrantes de la expedición. Su firma quedó además estampada en el libro de visitas del Museo Numantino.
La cultura popular soriana había despertado también el interés del círculo lorquiano. Poco antes, durante las celebraciones madrileñas del primer aniversario de la República, habían causado impresión los bailes tradicionales y la indumentaria de San Leonardo. Aquel viaje de mayo permitió acercarse directamente a una provincia que pocas semanas después se convertiría en el primer territorio de pruebas de La Barraca.
Cuando llegó el momento de sacar el teatro a las carreteras, Lorca regresó a Soria.
Una provincia convertida en escenario
El Burgo fue solamente el principio.
El 11 de julio, la expedición continuó hacia San Leonardo, aunque la lluvia complicó el programa previsto. Al día siguiente llegó a Vinuesa. El 13 de julio alcanzó Soria capital, donde el frío y el mal tiempo obligaron a cambiar los planes y refugiar una representación prevista al aire libre en el Teatro Principal.
El recorrido siguió por Ágreda y, posteriormente, por Almazán.
Durante unos pocos días, una compañía formada principalmente por estudiantes convirtió plazas, teatros y monumentos sorianos en escenarios. Llegaban, descargaban el material, montaban el tablado, actuaban, desmontaban y continuaban camino.
No eran las Misiones Pedagógicas, aunque ambos proyectos nacieron dentro del mismo impulso de extensión cultural. La Barraca era el Teatro Universitario dirigido por Lorca y Ugarte; el Teatro del Pueblo vinculado a las Misiones Pedagógicas estaba dirigido por Alejandro Casona.
Y entre todas las funciones de aquella primera gira hubo una que terminó siendo muy diferente a las demás.

La noche más difícil de La Barraca en Soria
El escenario no podía ser más impresionante.
Los arcos entrelazados de San Juan de Duero, recortados en la oscuridad junto al río, iban a convertirse en el decorado monumental de La vida es sueño, de Calderón de la Barca.
La reconstrucción más precisa de aquellos días sitúa la representación en la noche del 15 de julio de 1932, después de que La Barraca regresara a la capital desde Ágreda. La decisión se tomó con muy poco margen y apenas hubo tiempo para anunciar correctamente la función.
Federico García Lorca no estaba aquella noche únicamente detrás del escenario. También actuaba.
Interpretaba a la Sombra en el primer acto del auto sacramental, dentro de un montaje concebido visualmente por Benjamín Palencia. Bajo aquellos arcos medievales, uno de los escritores fundamentales del siglo XX español se convirtió durante unos minutos en actor ante los sorianos.
Pero la representación terminó torciéndose.
Apagones, protestas y un escenario ocupado
Los primeros problemas parecen haber tenido una explicación bastante terrenal: la precipitación con la que se organizó la función provocó confusión y malestar entre parte del público.
Después apareció algo diferente.
Entre los espectadores actuó un grupo de personas decidido a reventar la representación. Los testimonios conservados hablan de protestas y altercados que fueron creciendo hasta hacer prácticamente imposible continuar con normalidad.
El escenario llegó a ser ocupado. Hubo apagones y tuvieron que intervenir los guardias. Blas Taracena y José Tudela, dos de las figuras culturales más importantes de la Soria de aquellos años y cercanos a la expedición, pidieron a Lorca que suspendiera la representación. Federico se resistió inicialmente a hacerlo.
La dimensión política del incidente resulta evidente en varios testimonios, aunque la identidad exacta de todos los provocadores no puede establecerse con absoluta seguridad.
María del Carmen García Lasgoity, actriz de La Barraca y una de las principales responsables de organización de la compañía, recordaría años después a los responsables como unos "señoritos pseudoestudiantes" llegados con la intención de atacar una iniciativa cultural asociada a Fernando de los Ríos. Otras reconstrucciones mencionan también la posible presencia de elementos de distinta procedencia ideológica. Lo seguro es que la función terminó convertida en un enfrentamiento que ya tenía poco que ver con Calderón.
La propia elección de La vida es sueño añadía una llamativa paradoja. Una compañía financiada por el Ministerio de Instrucción Pública de un Estado constitucionalmente laico estaba representando un auto sacramental de Calderón. El montaje incomodó desde posiciones políticas distintas y aquella noche de Soria acabó demostrando hasta qué punto la cultura podía convertirse también en terreno de confrontación.

La Barraca salió protegida de San Juan de Duero
La tensión no acabó cuando se apagaron definitivamente las luces.
El recuerdo posterior de García Lasgoity describe una situación mucho más seria. Según su testimonio, la compañía tuvo que abandonar San Juan de Duero antes de que los disturbios pudieran causar daños también al monumento.
El gobernador envió guardias para proteger al grupo.
Y el regreso a la ciudad no se hizo por el trayecto previsto. Los integrantes de La Barraca fueron conducidos por otra carretera después de recibir el aviso de que podían estar esperándolos en el camino habitual para atacar los vehículos. García Lasgoity llegó a recordar que les habían advertido de que pretendían "volar los coches". Es un relato realizado posteriormente por una protagonista directa de los acontecimientos y, por ello, debe mantenerse como testimonio, no como un hecho probado de manera independiente.
Resulta difícil imaginar un contraste mayor.
Cinco días antes, Lorca había explicado ante una Plaza Mayor de El Burgo abarrotada su sueño de acercar el teatro clásico a los pueblos. Ahora, bajo los arcos de San Juan de Duero, aquel mismo proyecto necesitaba protección para abandonar el escenario.
Lorca, una Sombra entre los arcos
El episodio tiene además una dimensión especialmente sugerente para la historia cultural de Soria.
Sabemos que Lorca interpretó a la Sombra en La vida es sueño. Se conservan fotografías de 1932 en las que aparece caracterizado para ese personaje. Sin embargo, hasta ahora no se ha localizado una fotografía inequívocamente identificada en la que el poeta aparezca actuando con los famosos arcos de San Juan de Duero visibles al fondo.
La imagen existe, por tanto, en los testimonios, en la documentación y en la memoria de aquella representación, pero todavía no en una fotografía conocida que permita contemplarla tal y como sucedió.
Federico, de noche; el escenario de Benjamín Palencia; Calderón; el Duero y los arcos medievales de San Juan.
Y alrededor, una función que terminó desbordada por los acontecimientos.

Almazán: teatro bajo una cortina de agua
Un día después, el ambiente fue completamente diferente.
El 16 de julio, La Barraca levantó nuevamente su escenario en la Plaza Mayor de Almazán. Allí se encontraba Fernando de los Ríos y entre los asistentes estaba también Dámaso Alonso.
Empezó a llover.
Y siguió lloviendo.
Los actores se empaparon sobre el escenario y los espectadores buscaron como pudieron protegerse del agua, pero prácticamente nadie quiso marcharse. La representación continuó bajo el aguacero.
Si San Juan de Duero había mostrado la cara más amarga de aquella primera gira, Almazán ofreció justamente la contraria: actores y espectadores resistiendo juntos bajo la lluvia para que el teatro no se detuviera.
De aquella jornada sí existen algunas de las mejores fotografías conservadas de la primera expedición: los jóvenes de La Barraca preparando el escenario y el propio Federico García Lorca ante el público de Almazán.
El último sobresalto, en Medinaceli
La provincia todavía reservaba un último episodio para los barracos.
El 17 de julio, ya camino de Madrid, uno de los vehículos sufrió un accidente en las proximidades de Medinaceli. Hubo heridos, fracturas y contusiones, aunque no se produjeron víctimas mortales.
Terminaba así, de manera accidentada, una semana que había comenzado solamente siete días antes con un escenario levantándose por primera vez en la Plaza Mayor de El Burgo.
Después vendrían nuevas carreteras, ciudades y pueblos. La Barraca se convertiría en una de las experiencias culturales más recordadas de aquellos años.
Pero la primera carretera fue soriana.
El Burgo vuelve a aparecer 94 años después
La historia ha incorporado en 2026 un capítulo inesperado.
Filmoteca Española ha recuperado y digitalizado material cinematográfico original de aquella primera gira, conservado en nitrato de 35 milímetros. Entre las imágenes identificadas por el Ministerio de Cultura figuran precisamente escenas filmadas en El Burgo de Osma.
La documentación relaciona aquellas grabaciones con Gonzalo Menéndez Pidal y Arturo Ruiz-Castillo, integrantes del entorno de La Barraca y responsables de dejar imágenes de aquella aventura.
Eso permite algo extraordinario: 94 años después podemos volver a mirar en movimiento los primeros pasos de la compañía en la provincia donde comenzó su historia.
El 10 de julio de 1932, probablemente nadie en aquella Plaza Mayor podía imaginar lo que estaba presenciando.
Unos jóvenes habían llegado desde Madrid cargando maderas, telas, focos y trajes. Montaron un escenario, representaron a Cervantes, recogieron todo y se marcharon al siguiente pueblo.
Pero aquella noche Federico García Lorca no pasó simplemente por Soria.
Aquí había estado semanas antes. Aquí conoció Numancia. Aquí dejó su firma. Aquí recorrió pueblos. Aquí actuó. Aquí sufrió uno de los primeros intentos de boicot contra La Barraca. Y aquí, en El Burgo de Osma, comenzó a hacerse realidad uno de sus grandes sueños culturales.
Antes de recorrer España, La Barraca tuvo que aprender a caminar. Y sus primeros pasos los dio en Soria.

Firma de Lorca en el libro de visitas del Museo Numantino
Bibliografía / fuentes consultadas:
- Filmoteca Española -Ministerio de Cultura.
- Centro Federico García Lorca.
- Biblioteca Nacional de España -Hemeroteca Digital.
- Luz, 12 de julio de 1932.
- Noticiero de Soria, julio de 1932.
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
- Antonio Campoamor González, La Barraca y su primera salida por los caminos de España.
- Javier Huerta Calvo (coord.), La Barraca. Teatro y Universidad: ayer y hoy de una utopía.
- Javier Huerta Calvo, “Cervantes y Lorca: La Barraca”.
- David Rodríguez-Solás, La Barraca, 1933: el giro lopiano de García Lorca.
- Enrique Andrés Ruiz, La amistad creadora. Benjamín Palencia y Federico García Lorca.
- Diputación Provincial de Soria.
- Centro de Estudios Sorianos.
- Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
- Wikimedia Commons.
- Asociación Recuerdo y Dignidad.
Bibliografía / fuentes consultadas:
- Filmoteca Española -Ministerio de Cultura.
- Centro Federico García Lorca.
- Biblioteca Nacional de España -Hemeroteca Digital.
- Luz, 12 de julio de 1932.
- Noticiero de Soria, julio de 1932.
- Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.
- Antonio Campoamor González, La Barraca y su primera salida por los caminos de España.
- Javier Huerta Calvo (coord.), La Barraca. Teatro y Universidad: ayer y hoy de una utopía.
- Javier Huerta Calvo, “Cervantes y Lorca: La Barraca”.
- David Rodríguez-Solás, La Barraca, 1933: el giro lopiano de García Lorca.
- Enrique Andrés Ruiz, La amistad creadora. Benjamín Palencia y Federico García Lorca.
- Diputación Provincial de Soria.
- Centro de Estudios Sorianos.
- Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.
- Wikimedia Commons.
- Asociación Recuerdo y Dignidad.








