Cinco montones de piedra y una promesa: la huella de San Francisco en Soria 800 años después

Ochocientos años después de la muerte del santo de Asís, historia y leyenda vuelven a encontrarse en una Soria donde la tradición sitúa a San Francisco en 1214, dejando cinco montones de piedras y una promesa que el tiempo acabaría cumpliendo

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Padres Franciscanos en la Iglesia y Colegio San José / Fotos de exalumnos y Miguel Ángel Berná
El autor esLuis Romera Calvo
Luis Romera Calvo
Lectura estimada: 6 min.
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Ocho siglos después de que Francisco de Asís muriera en la Porciúncula el 3 de octubre de 1226, Soria conserva una historia que no comienza con un documento, una escritura de propiedad o una primera piedra. Comienza, precisamente, con cinco pequeños montones de piedras.

El Año Jubilar Franciscano, que acompaña en 2026 la conmemoración de los 800 años del tránsito de San Francisco de Asís, ha vuelto a dirigir la mirada hacia los lugares que conservan la memoria del fundador de los Hermanos Menores. Entre ellos aparece Soria, donde una tradición transmitida durante siglos sitúa al santo en 1214, camino de Santiago, recorriendo los terrenos extramuros de la ciudad y dejando tras de sí uno de los relatos más singulares de la historia franciscana española.

El paseo de Francisco por una Soria del siglo XIII

La escena hay que imaginarla en 1214. Soria era todavía una ciudad medieval, protegida en buena medida por sus murallas. Fuera quedaban campos, pequeños establecimientos religiosos, caminos y una extensa dehesa que siglos después se convertiría en el principal parque de la capital.

Según la tradición franciscana, San Francisco viajaba hacia Santiago de Compostela y se alojó en el monasterio de Nuestra Señora del Mercado, llamado también de La Blanca y posteriormente priorato benedictino de San Benito. Aquel establecimiento se encontraba aproximadamente donde hoy se levanta la plaza de toros de Soria. La coincidencia geográfica permite incluso reconstruir actualmente, con ocho siglos de distancia, una parte del recorrido atribuido al santo.

Una mañana, Francisco habría salido de su alojamiento acompañado por otros religiosos. Caminó por aquel terreno situado fuera de la ciudad y atravesó la Dehesa de San Andrés, la actual Alameda de Cervantes. Allí comenzó a recoger piedras.

No levantó un muro. Ni siquiera los cimientos de una habitación. Hizo cinco montoncitos.

Las antiguas crónicas franciscanas describen a sus acompañantes observando sorprendidos aquella tarea aparentemente inútil. Cuando le preguntaron qué pretendía, Francisco explicó que estaba preparando, en la medida de sus posibilidades, el lugar donde algún día se levantaría una casa para sus hermanos.

La tradición ha conservado la respuesta con distintas formulaciones. La más extendida en Soria resume aquella escena con una frase: "Otros vendrán que terminarán lo que yo he empezado".

Y es ahí donde la leyenda adquiere su verdadera fuerza. No porque aquellas palabras puedan certificarse hoy sílaba por sílaba, sino porque eso es exactamente lo que acabó sucediendo. Otros vinieron.

Lo que la historia puede demostrar

Conviene separar la belleza de la tradición de aquello que puede sostenerse documentalmente. No existe un documento contemporáneo de 1214 que permita afirmar sin reservas que Francisco de Asís caminó por Soria. La peregrinación del santo a Compostela forma parte de una tradición antiquísima de la propia Orden, recogida posteriormente por cronistas franciscanos y estudiada durante generaciones.

Atanasio López dedicó a comienzos del siglo XX una extensa investigación al viaje de Francisco por España; estudios posteriores han seguido analizando unas tradiciones cuyo valor histórico debe manejarse con cautela.

Pero existe otro dato mucho menos discutible: muy pocos años después de la muerte del santo la comunidad franciscana de Soria era ya una realidad importante. Y aquí las cinco piedras dejan paso a la historia.

La documentación y los estudios sobre la organización de los Hermanos Menores muestran que Soria apareció muy pronto como un enclave destacado. San Francisco de Soria figura como cabeza de custodia en 1233. Posteriormente quedarían vinculadas a esta estructura franciscana otras casas de la provincia, entre ellas las de Almazán, San Esteban de Gormaz y Paredes Albas, en Berlanga de Duero. Apenas habían transcurrido siete años desde la muerte de Francisco.

Soria, lugar de reunión de los primeros franciscanos

Todavía más extraordinaria es la relevancia que alcanzó el convento soriano durante aquellos primeros años de expansión. Durante mucho tiempo se ha repetido que Soria acogió un Capítulo nacional franciscano en 1227 y una Congregación general en 1233. La historiografía especializada introduce algunos matices importantes en esa cronología.

Atanasio López sitúa en Soria un capítulo nacional anterior a 1227, durante la etapa en la que fray Juan Parenti ejercía como ministro provincial de España. Ángel Uribe, al revisar las primeras tradiciones franciscanas peninsulares, coincide en que aquella reunión presidida por Parenti tuvo que celebrarse antes de 1227 y considera además probable otro gran capítulo celebrado en 1233.

Existe incluso debate sobre un episodio decisivo: la división de la gran Provincia franciscana de España en las provincias de Castilla, Aragón y Santiago. Parte de la historiografía la ha relacionado con el capítulo soriano de 1233, mientras que otros estudios consideran que la decisión había sido tomada previamente en el Capítulo General de Rieti de 1232.

Más allá de esa discusión académica, el dato verdaderamente significativo para Soria resulta difícil de discutir: en los años inmediatamente posteriores a la muerte de Francisco, la ciudad estaba ya en el mapa principal de una Orden que comenzaba a extenderse por Europa.

Hasta la tradición hagiográfica enlaza directamente Soria con los últimos días del fundador. El beato Andrés Caccioli de Spello, discípulo de Francisco y presente, según la tradición franciscana, en su muerte en 1226, habría viajado posteriormente a España y participado en el Capítulo de Soria de 1233.

De ser así, apenas siete años separan dos imágenes: Francisco muriendo en la Porciúncula y uno de los hombres que había estado junto a él reunido con otros hermanos en aquella casa soriana que, según la leyenda, había comenzado con cinco piedras.

Mucho más que un convento

El establecimiento franciscano terminó convirtiéndose en una de las grandes instituciones religiosas de la Soria medieval y moderna. Familias poderosas financiaron capillas y eligieron su iglesia como lugar de enterramiento. Entre sus muros estuvo sepultado Jaime IV de Mallorca y el recinto quedó ligado durante siglos a importantes linajes sorianos. El convento desarrolló además una vertiente intelectual: contó con una cátedra de Teología a la que podían asistir también estudiantes seglares.

El franciscanismo tampoco quedó reducido a los frailes. La rama femenina arraigó pronto en la ciudad. El convento de Santa Clara de Soria hunde sus orígenes en el siglo XIII; las religiosas terminarían instalándose en el antiguo convento de Santo Domingo, manteniendo hasta nuestros días otra de las raíces de la gran familia franciscana.

El convento de San Francisco sobrevivió, además, a una historia poco complaciente. Un incendio devastó buena parte del conjunto en 1618 y destruyó su archivo, una pérdida especialmente dolorosa para quienes siglos después han intentado esclarecer sus orígenes. Durante la Guerra de la Independencia, en 1812, se ordenó su destrucción para impedir que las tropas francesas pudieran fortificarse allí. Y en 1835, la desamortización obligó a los frailes a abandonar definitivamente aquella primera casa. Definitivamente, sólo por un tiempo.

Los que vinieron después

En 1920, casi un siglo después de la exclaustración, los franciscanos regresaron a Soria. Lo hicieron para hacerse cargo de la Fundación Educativa San José. Aquel primer curso reunió a unos 200 niños y abrió una etapa que marcaría a generaciones enteras de familias sorianas. La presencia se prolongó durante un siglo, vinculada a la enseñanza, la atención religiosa, la formación teológica y la asistencia a otras comunidades.

El Colegio San José cerró sus puertas en 2017 y, finalmente, en octubre de 2020 los últimos franciscanos abandonaron la capital después de cien años de esta segunda etapa. La Diócesis de Osma-Soria calculó que alrededor de 120 religiosos habían pasado por aquella comunidad desde su regreso.

Durante la despedida, el provincial franciscano dejó otra frase que resulta inevitable relacionar con aquella que la tradición atribuye a Francisco ocho siglos antes:

"Los franciscanos volveremos a Soria". Quizá ahí resida la verdadera dimensión de la historia. 

No sabemos si Francisco colocó exactamente cinco montones de piedra junto a la Dehesa ni si pronunció literalmente aquellas palabras. La historia medieval rara vez concede certezas tan cómodas. Pero sí sabemos que, cuando murió en 1226, la semilla franciscana estaba ya arraigando en Soria; que muy pocos años después aquí se reunían algunos de los primeros hermanos de la Orden; que la ciudad llegó a ser cabeza de una estructura franciscana; que hubo conventos, enseñanza, teología, clarisas, destrucciones, reconstrucciones, expulsiones y regresos.

Y que aquel lugar sigue ahí.

El trayecto de la leyenda todavía puede reconocerse en la Soria de 2026. Comienza junto al lugar donde estuvo Nuestra Señora del Mercado, hoy plaza de toros; cruza la vieja Dehesa de San Andrés, convertida en Alameda de Cervantes; y termina ante San Francisco y el Rincón de Bécquer, donde las piedras de un antiguo convento continúan contando una historia iniciada hace más de ocho siglos. Francisco habría dicho que otros terminarían lo que él apenas podía empezar.

Soria lleva ochocientos años haciéndolo.

Más Info.

Los conventos franciscanos de Soria - Pelayo Artigas y Corominas

Viaje de San Francisco a España (1214) - Atanasio López Fernández

La Provincia de España de los Frailes Menores. Apuntes histórico-críticos sobre los orígenes de la Orden Franciscana en España - Atanasio López Fernández

Tradiciones sobre la presencia de San Francisco en Cantabria - Ángel Uribe

El convento de San Francisco de Valdediós, santuario de la tradición de la peregrinación de Francisco de Asís a Santiago de Compostela en 1214 - Carmen Manso Porto

Archivo del antiguo convento franciscano de la ciudad de Valladolid, de la extinta Provincia Franciscana observante de La Concepción (1245-1835) - Fernando Guillén Armendáriz

Primera parte de la Chronica de la provincia de Burgos, de la Regular Observancia de Nuestro Padre San Francisco - Domingo Hernáez y otros

Descripción histórica del Obispado de Osma - Juan Loperráez Corvalán

Soria. España, sus monumentos y artes, su naturaleza e historia - Nicolás Rabal

 

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