09/08/2026
España necesita un Gobierno estable que cumpla sus compromisos
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La resaca postelectoral nos deja un complicado escenario de pactos para el partido ganador y todas las posibilidades de cara en el caso del perdedor. Al margen de la pifia generalizada en encuestas, públicas y privadas, la gestión de las expectativas le ha jugado una mala pasada al Partido Popular, que ahora se encuentra atrapado en la indefinición de no tener alianzas suficientes para rematar su victoria en las urnas.
Para las ensoñaciones de aquello que se denomina un 'gran pacto', las esperanzas se desvanecen. Aunque no pocas voces del socialismo histórico español han pedido eso de 'altura de miras', las aspiraciones de Pedro Sánchez van por otro camino. Nada de un gran pacto entre las dos principales fuerzas políticas de España, las que han sumado más de dieciséis millones de votos. Capaz de sujetar un hipotético descalabro que se anunciaba tras el 28M, al líder del PSOE no le tiembla el pulso después de construir una mayoría parlamentaria a base de costurones que le sirven ahora para reeditar una segunda parte de un Gobierno lleno de contradicciones internas, pero Gobierno al fin y al cabo.
Predecir cuánto será el coste a pagar y qué durabilidad tendrá esta nueva alianza es una enorme incógnita con conclusiones impredecibles. Lamentablemente, el bloque de Sánchez está en manos de partidos contrarios a la Constitución española y deberá sortear imposiciones que van a sonar muy mal en el resto de España. Pero aferrarse Feijóo a su inútil triunfo es no querer entender el entorno político que le rodea. Es evidente que ha ganado las elecciones, que ha reconstruido un partido en demolición tras la tormentosa etapa de Pablo Casado, que ha conseguido recomponer el poder territorial en las últimas elecciones autonómicas y municipales, pero todo eso es insuficiente después de acariciar las mieles de los sondeos; de entender que tenía todas las posibilidades del mundo de ganar suficientemente, sin las ataduras de VOX. Atrás queda una campaña de más a menos, clamorosamente equivocada, instalada en una superioridad muy mal medida, con una estrategia descendente que condujo al PP a un resultado absolutamente inesperado.
La nula autocrítica es ya una manera de actuar de la clase política. Ha sido decepcionante observar la reacción de los principales partidos tras conocerse los resultados. A su habitual manera de interpretar el dictamen de las urnas, se unió que todos se daban por ganadores. Resultaba patético traducir en argumentos los saltos de alegría en el andamio del PSOE o las sonrisas impostadas en el balcón del PP. No había mucho que celebrar, pero es mejor aparentar una satisfacción plena que reconocer las claves de las situaciones reales. Como en el flagrante caso de VOX, auténtico perdedor de las elecciones, transfiriendo su fracaso al PP o a los medios de comunicación sin reconocer su camino equivocado, su continuo tránsito de espaldas a la sociedad.
España necesita un gobierno estable. Agentes sociales, sindicales, Unión Europea, abogan por una constitución de un Ejecutivo de garantías, que sea capaz de cumplir con las obligaciones. Eso es a lo debemos aspirar y lo que debemos exigir a nuestros políticos.
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