Laborda y Lázaro convierten Ágreda en el hogar de su legado artístico

El matrimonio de artistas y coleccionistas dona parte de su colección y de su propia obra para crear un proyecto cultural permanente en la villa soriana, con nuevas exposiciones ya previstas

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Laborda y Lázaro convierten Ágreda en el hogar de su legado artístico
El autor esLuis Romera Calvo
Luis Romera Calvo
Lectura estimada: 3 min.

Hay colecciones que terminan dispersándose y otras que encuentran un destino capaz de darles una segunda vida. Eduardo Laborda e Iris Lázaro han elegido Ágreda para que el patrimonio artístico que han reunido durante más de medio siglo permanezca unido y abierto al público, transformando una colección privada en un legado cultural para la villa soriana.

El artista aragonés llevaba años reflexionando sobre el carácter efímero de la vida y la necesidad de desprenderse de aquello que las personas acumulan. Esa filosofía, compartida con la artista soriana, acabó materializándose en una de las donaciones artísticas más importantes recibidas por Ágreda, que ya custodia parte de una colección integrada por obras de destacados pintores españoles de los siglos XIX y XX, además de trabajos realizados por el propio matrimonio.

La primera muestra de este proyecto puede visitarse en la torre del Palacio de los Castejones, donde el Ayuntamiento habilitó un espacio expositivo para albergar 'El rostro del tiempo', una exposición compuesta por 47 obras pertenecientes a la colección Laborda-Lázaro.

El recorrido está centrado en el retrato, un género que reúne piezas de autores como los sorianos Maximino Peña, el vallisoletano Arturo Montero Calvo, además de artistas como Valentín Carderera, Juan José Gárate, Justino Gil Bergasa, Ángel Díaz Domínguez, Salvador Escolá, José Gonzálvez, Antoni Martí o Adolfo de Águila, entre otros.

Pero la exposición va mucho más allá del valor pictórico de las obras. Cada retrato conserva una historia personal que el matrimonio ha ido reconstruyendo durante décadas de investigación y coleccionismo.

"El 80 por ciento de la historia del arte son retratos porque lo primero que quiere el hombre es perpetuarse y es un género fundamental", explica Eduardo Laborda, que inició esta aventura junto a Iris Lázaro en 1972 con la adquisición de un retrato de la empresaria Blanca de Escoriaza.

Desde entonces, las obras llegaron desde galerías, subastas, mercadillos o donaciones familiares. Entre las historias que acompañan a la colección figura la de dos retratos al pastel realizados por Vicente Paricio, donados por la nieta de Joaquín Uriarte, teniente de alcalde de Zaragoza durante la Segunda República y posteriormente fusilado.

La colección seguirá creciendo en los próximos meses con la incorporación de nuevas piezas, entre ellas un autorretrato de Francisco Marín Bagüés, considerado por el propio Laborda como una de las mejores obras del pintor.

Un proyecto cultural de largo recorrido

La donación no termina con 'El rostro del tiempo'. El matrimonio trabaja ya en una segunda exposición dedicada al arte efímero, formada por dibujos, bocetos, apuntes, carteles, escenografías e ilustraciones sobre papel que permitirán mostrar el proceso creativo que existe detrás de cualquier obra artística.

Según explica Laborda, esta futura muestra tendrá una marcada vocación didáctica y ayudará a comprender la evolución de un creador, desde sus primeros dibujos hasta convertirse en artista, arquitecto, ilustrador o artesano.

El proyecto se completará con una tercera propuesta centrada en la influencia mediterránea en la pintura española, con paisajes, bodegones y escenas compositivas realizadas entre 1828, año de la muerte de Francisco de Goya, y 1961, cuando falleció Marín Bagüés.

Un legado con raíces en el Moncayo

La elección de Ágreda tampoco responde al azar. Iris Lázaro nació en Trévago, mientras que la familia de Eduardo Laborda procede de Trasobares, en la vertiente aragonesa del Moncayo. Entre ambos lugares, recuerda el artista, se encuentra una montaña cargada de simbolismo y también buena parte de su historia personal.

Laborda define Ágreda como una "tierra de todos" y destaca tanto su patrimonio histórico como la sensibilidad cultural de sus vecinos. A ello se suma un vínculo sentimental: fue en la villa soriana donde ambos compartieron buena parte de su juventud.

Con 74 años, el matrimonio tiene claro el objetivo. Antes de cumplir los 80 espera que toda la colección, junto a una selección de su propia producción artística, quede definitivamente instalada en distintos espacios de Ágreda.

Más que una donación, Laborda y Lázaro han decidido convertir toda una vida dedicada al arte en un patrimonio compartido. Los retratos, paisajes, bodegones y dibujos que durante décadas ocuparon un ámbito privado pasarán así a formar parte de la identidad cultural de la villa soriana y de las generaciones que la visiten.

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