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Google quiere cambiar las rutas de los aviones para combatir un enemigo invisible del clima
Operación Blue Skies probará durante 30 meses en el Atlántico Norte cómo la inteligencia artificial puede evitar estelas de condensación
Las rutas de los aviones podrían empezar a cambiar ligeramente por una razón que no se ve desde tierra. Un consorcio encabezado por Google pondrá a prueba durante los próximos 30 meses un sistema diseñado para evitar las zonas atmosféricas donde los aviones tienen más probabilidades de generar estelas de condensación persistentes.
La iniciativa, bautizada como Operación Blue Skies, se desarrollará en la parte oriental del corredor aéreo del Atlántico Norte, dentro del espacio aéreo de Shanwick. El objetivo es comprobar si pequeños cambios en las rutas pueden reducir parte del impacto climático asociado a estas formaciones de nubes.
El proyecto cuenta con un presupuesto de 5 millones de libras, unos 5,8 millones de euros, y reúne a Google, Contrails.org, el proveedor británico de navegación aérea NATS, el Imperial College London, la Universidad de Cambridge y el Met Office, entre otros participantes.
La clave estará en decidir por dónde no conviene volar
Las estelas de condensación aparecen cuando el vapor de agua procedente de los motores se encuentra con determinadas condiciones atmosféricas y se condensa alrededor de partículas emitidas durante la combustión. En algunas situaciones pueden permanecer durante horas y contribuir al calentamiento de la atmósfera.
Por eso, la propuesta no pretende modificar de forma radical el tráfico aéreo. La idea es mucho más concreta: detectar con antelación las zonas en las que existe un mayor riesgo de generar estelas persistentes y modificar ligeramente algunas trayectorias.
Durante los periodos de prueba, unos 10.000 vuelos anuales procedentes de cientos de ciudades atravesarán el espacio aéreo de Shanwick. Solo una pequeña parte tendría que realizar desvíos para evitar las áreas consideradas más sensibles.
El sistema se apoyará en modelos de inteligencia artificial desarrollados por Google y en imágenes de satélite capaces de ayudar a localizar y comprobar la presencia de estas estelas. La tecnología deberá ser capaz no solo de anticipar dónde pueden aparecer, sino también de verificar posteriormente si las predicciones fueron acertadas.
Dos grandes pruebas para comprobar si funciona
La operación contempla al menos dos ensayos de unos cuatro meses cada uno dentro de los 30 meses de duración del proyecto. En ellos se analizará tanto la capacidad del sistema para predecir las condiciones atmosféricas como las consecuencias prácticas de introducir cambios en las rutas.
NATS tendrá un papel central en esta fase. La compañía se encargará de coordinar las modificaciones de los vuelos, supervisar la gestión del tráfico y garantizar que cualquier medida aplicada sea compatible con los requisitos de seguridad.
El propósito es llevar a una escala mucho mayor experimentos que hasta ahora se habían realizado con determinadas aerolíneas y comprobar si la reducción de estelas puede incorporarse de manera habitual a la gestión del tráfico aéreo.
Aunque la prueba se limitará a una parte del Atlántico Norte, sus responsables consideran que puede aportar información relevante. El espacio aéreo de Shanwick concentra aproximadamente el 5 % del calentamiento global atribuido a las estelas de condensación, según los promotores.
Los investigadores del Imperial College London y la Universidad de Cambridge estudiarán los resultados para determinar qué efecto climático tienen realmente las medidas. El Met Office, por su parte, aportará información meteorológica y desarrollará herramientas específicas para mejorar las predicciones.
Google participará además sin aportar financiación directa al proyecto, pero contribuirá con 1,4 millones de libras (unos 1,6 millones de euros) en recursos tecnológicos, incluidos trabajos de investigación, ingeniería e infraestructura informática.
El experimento parte de una premisa sencilla, aunque su aplicación sea mucho más compleja: si algunos aviones pueden evitar las condiciones que generan las estelas más persistentes con un desvío mínimo, la aviación podría reducir una parte de su impacto climático sin necesidad de cambiar por completo la forma de volar.
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