Natural de Castilfrío de la Sierra, tomó posesión de la diócesis ceutí en 1774 y la gobernó durante cuatro años antes de ser trasladado a Cuenca
De Soria a Ceuta: la desconocida historia del soriano que gobernó su diócesis en el siglo XVIII
Natural de Castilfrío de la Sierra, tomó posesión de la diócesis ceutí en 1774 y la gobernó durante cuatro años antes de ser trasladado a Cuenca
Más de 800 kilómetros separan actualmente Castilfrío de la Sierra de Ceuta. Sin embargo, ambas localidades comparten una conexión histórica poco conocida: Felipe Antonio Solano Marín, nacido en este pequeño municipio soriano el 3 de marzo de 1724, llegó a ocupar la sede episcopal ceutí durante el reinado de Carlos III.
Solano era hijo de Juan Pascual Solano y María Josefa Marín Ruiz, una familia vinculada a la ganadería mesteña. Su posición le permitió estudiar Filosofía y Teología en la Universidad de Alcalá, donde también desarrolló actividad docente.
Su carrera eclesiástica comenzó hacia 1748 como párroco de Casarejos. En 1756 obtuvo la canonjía penitenciaria de la Real Colegiata de San Ildefonso, en La Granja, cargo que desempeñó hasta 1773. Incluso llegó a ser propuesto en 1769 para el Obispado de Puerto Rico, aunque no aceptó aquel destino.
Fue Carlos III quien lo presentó finalmente para ocupar el Obispado de Ceuta. Tras ser consagrado en Madrid en junio de 1774, tomó posesión de la sede ceutí el 16 de agosto de ese mismo año.
Su etapa en Ceuta transcurrió en una ciudad marcada por su carácter militar y fronterizo. Entonces, la población no alcanzaba los 10.000 habitantes y estaba formada principalmente por militares, población civil, presos y desterrados. El poder religioso del obispo convivía, no siempre sin tensiones, con la autoridad del gobernador de la plaza.
Entre el 21 de julio de 1776 y el 17 de noviembre de 1778, Solano realizó una visita general a la diócesis para revisar su funcionamiento eclesiástico. Tres días después de concluirla abandonó Ceuta, tras haber sido promovido para ocupar la mitra de Cuenca. Estos datos aparecen recogidos en el Episcopologio de Ceuta.
En Cuenca permaneció hasta su muerte, ocurrida en mayo de 1800, cuando tenía 76 años. La Gaceta de Madrid señaló que había ejercido durante 26 años el ministerio pastoral entre Ceuta y Cuenca y destacó su labor asistencial y las limosnas que destinaba a los pobres. Fue enterrado en la Catedral de Cuenca.
Su memoria también permanece en Castilfrío de la Sierra. Su casa natal se conserva reconstruida junto a la iglesia y su escudo episcopal preside la fachada de la ermita de Nuestra Señora del Carrascal. El Ayuntamiento de Castilfrío de la Sierra lo incluye entre las principales personalidades nacidas en el municipio.
La trayectoria de Felipe Antonio Solano ofrece así una vinculación histórica verdadera entre Soria y Ceuta: la historia de un hijo de las Tierras Altas que, en pleno siglo XVIII, cruzó la península para gobernar durante cuatro años una diócesis situada al otro lado del Estrecho.

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